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Debate por desinversión de Ecopetrol: Presidente Petro insiste en vender el Permian

En la imagen aparece Gustavo Petro.

Desde la perspectiva de la Casa de Nariño, la permanencia de Ecopetrol en negocios vinculados al fracking resulta incompatible con la hoja de ruta de la transición energética.

Bogotá- 29 de Abril 2026. La política energética de Colombia atraviesa un punto de inflexión estructural que redefine las prioridades de su principal activo estatal. El reciente respaldo del presidente Gustavo Petro al Plan de Enajenación del Ministerio de Hacienda, el cual contempla la venta de 38 activos de Ecopetrol valorados en aproximadamente $50,5 billones, ha desatado una controversia técnica sobre la viabilidad financiera de la transición hacia fuentes renovables.

La pieza central de este debate es la cuenca del Permian, en Estados Unidos, cuya posible venta representa una de las decisiones más críticas para la soberanía energética y el flujo de caja de la nación.

La tesis del Ejecutivo: Desinversión para la transformación

Desde la perspectiva de la Casa de Nariño, la permanencia de Ecopetrol en negocios vinculados al fracking resulta incompatible con la hoja de ruta de la transición energética. El presidente Petro ha insistido en que los recursos actualmente inmovilizados en activos internacionales de hidrocarburos no convencionales deben ser monetizados para apalancar la exploración y desarrollo de energías limpias. Según el Ejecutivo, la administración anterior comprometió recursos de inversión en negocios que, bajo su visión, desplazan el capital necesario para la descarbonización.

El argumento presidencial trasciende lo estrictamente operativo, vinculando la desinversión con una reorientación estratégica de la estatal. Sin embargo, esta visión choca frontalmente con los indicadores de rentabilidad que hoy sostienen los estados financieros de la petrolera.

Valoración del Permian: El dilema entre rentabilidad y estrategia

El activo del Permian, adquirido en 2020, se ha consolidado como una de las joyas de la corona operativa de Ecopetrol. Los datos del sector son contundentes:

  1. Producción: Aportó el 13,8% de la producción total del grupo en el último año, manteniendo una tendencia creciente superior al 12,6% desde 2024.
  2. Rentabilidad: Expertos y sindicatos como la USO señalan que el activo posee una Tasa Interna de Retorno (TIR) superior al 40%, cifra que difícilmente es replicable en proyectos de generación de energía renovable en sus etapas iniciales.
  3. Reservas: La enajenación de este activo significaría, según analistas, la pérdida de aproximadamente 189 millones de barriles, equivalentes al 10% de las reservas totales de la compañía.

Desde un punto de vista técnico, el «costo de entrada» en 2020 es el factor que hoy dilata el payback (recuperación de la inversión) en un horizonte de cuatro años adicionales. No obstante, para los especialistas financieros, vender un activo de alta calidad operativa en una de las cuencas más productivas del mundo podría generar un descalce en la generación de utilidades de corto y mediano plazo.

Análisis formativo: El costo de oportunidad en la transición

Para el inversor profesional, el debate sobre el Permian no es solo ideológico, sino un análisis de costo de oportunidad. El capital obtenido por una eventual desinversión total, que podría alcanzar los $125 billones sumando otras subsidiarias, tendría como destino proyectos de energía limpia. No obstante, la brecha de rentabilidad entre el crudo no convencional y las renovables plantea una interrogante sobre la capacidad de Ecopetrol para mantener sus transferencias al fisco nacional.

La transición energética requiere un flujo constante de capital que, paradójicamente, hoy es provisto por la rentabilidad de los hidrocarburos. Una salida acelerada de activos altamente productivos como el Permian podría tensionar la calificación crediticia de la estatal y reducir su capacidad de endeudamiento para futuros proyectos verdes.

Tensiones sindicales y seguridad institucional

La Unión Sindical de Obreros (USO) ha manifestado una postura pragmática: mientras aprueban la venta de «malos negocios» que drenan recursos, defienden la permanencia en activos estratégicos que garantizan la viabilidad de la empresa. El debate se traslada ahora al Congreso de la República, específicamente a la Comisión V del Senado, donde se deberá evaluar si la urgencia de la transición energética justifica el sacrificio de la participación en una de las cuencas petroleras más eficientes del mercado global.