El presidente Gustavo Petro le respondió en su cuenta en X: «haber hecho estallar la sociedad con sus impuestos a la sopa y la comida, quiere devolvernos a la economía de Duque«.
Bogotá- 23 de Abril de 2026. En el marco del Congreso Asofondos 2026, la figura del exministro de Hacienda Alberto Carrasquilla ha vuelto a situarse en el centro del debate macroeconómico. Con un análisis que privilegia el rigor técnico sobre la corrección política, el economista lanzó una advertencia que ha resonado en los mercados financieros y el legislativo: la necesidad de un «sustico fiscal».
Según su tesis, Colombia atraviesa un periodo de complacencia peligrosa frente a un desequilibrio estructural que, de no ser corregido por voluntad institucional, será ajustado de forma traumática por los mercados de capitales.
La metáfora del «fumador»: una radiografía de la ceguera fiscal
Para Carrasquilla, la economía colombiana se comporta actualmente como un fumador que ignora el deterioro de su salud mientras la fiesta continúa. El exministro argumenta que la percepción ciudadana y oficial de que el problema fiscal es controlable es, en sí misma, el mayor riesgo. Bajo esta premisa, solo un «ataque de tos» —un tropiezo financiero tangible— obligaría al Estado a abandonar hábitos de gasto insostenibles antes de que la crisis alcance un punto de irreversibilidad.
El análisis de Carrasquilla identifica un síntoma crítico: la dependencia del factor cambiario. El exministro sostiene que la dinámica de endeudamiento ha sido parcialmente ocultada por la apreciación del peso, considerando que el 30% de la deuda nacional está denominada en dólares. Sin este alivio en el tipo de cambio, la fragilidad de las cuentas públicas sería evidente para el ciudadano común, eliminando el margen de maniobra que hoy permite postergar las reformas de fondo.
La respuesta no se hizo esperar
Al conocer la afirmación en su cuenta de X, el presidente de la república, Gustavo Petro afirmo: «El alza de la tasa de interés que hizo la mayoría de la junta directiva del Banco de la República sigue la linea del exministro Alberto Carrasquilla».
Además agregó: «Aquí lo confiesan, quieren una crisis fiscal, por eso no aprobaron la leyes de financiamiento, por eso suspendieron las emergencias económicas , para eso tumbaron media reforma tributaria, regalando las regalías a los extractores, por eso el aumento de la tasa de interés para hacer crecer el endeudamiento innecesariamente y paralizar la economía»
Insistió que su ex ministro Alberto Carrasquilla aparece después de: «haber hecho estallar la sociedad con sus impuestos a la sopa y la comida, quiere devolvernos a la economía de Duque, ayudado por los cuatro de la junta del Banco que fueron sus compañeros de decisiones en el gobierno de Duque y con los candidatos que son de Duque».
Por último puntualizó: «El pueblo decidirá si vuelve al pasado quiere un «sustico fiscal* para derogar las reformas sociales en favor del pueblo».
La brecha de los 7 puntos: ingresos vs. gastos
El núcleo técnico de la advertencia de Carrasquilla reside en la brecha persistente entre el recaudo y el gasto. Según sus cifras, el recaudo nacional difícilmente superará los 16 puntos del Producto Interno Bruto (PIB) este año. En la otra orilla, el gasto público se mantiene desbordado en niveles de entre 22 y 23 puntos del PIB.
Esta asimetría de 7 puntos porcentuales no es solo una cifra contable; representa la obligación del Estado de acudir permanentemente al mercado de crédito para financiar su operación básica. Carrasquilla sugiere que el escenario ideal para «rebarajar» esta discusión sería ver fallar dos o tres subastas de deuda pública (TES). En términos de análisis macroeconómico, este «choque de realidad» restablecería la disciplina fiscal al demostrar que el financiamiento del Estado no es infinito ni incondicional.
El desplazamiento de la inversión y el costo del capital
Uno de los puntos más críticos de la intervención del exministro fue la exposición del servicio de la deuda hacia 2027. Las proyecciones indican que el pago de intereses alcanzará un máximo histórico de 90 billones de pesos, lo que representa el 73% del servicio total de la deuda pública.
Desde una perspectiva formativa para el inversor, Carrasquilla resalta un fenómeno de desplazamiento presupuestal sin precedentes: el pago de puros intereses ya es equivalente a todo el presupuesto de Educación ($91,6 billones) y supera ampliamente lo destinado a Salud y Protección Social ($81,3 billones). Este escenario implica que el Estado colombiano está perdiendo su capacidad de utilizar el presupuesto como herramienta de desarrollo, convirtiéndolo en un vehículo de pago de acreencias financieras.
La validez del riesgo Carrasquilla
Aunque el Gobierno Nacional proyecta una reducción del déficit fiscal al 5,1% del PIB para 2026, el análisis de Carrasquilla pone en duda la calidad de dicho ajuste. El déficit total sigue siendo astronómico, alcanzando los 102,2 billones de pesos, y la dependencia del crédito externo e interno (prevista en 128,4 billones de pesos en desembolsos) deja al país en una posición de extrema vulnerabilidad ante cualquier endurecimiento de las condiciones monetarias globales.
Para el profesional financiero, la advertencia de Carrasquilla no debe leerse como una apuesta por el colapso, sino como un llamado a la ortodoxia. La sostenibilidad de la deuda colombiana depende hoy de una gestión eficiente de la caja y de un recorte severo del gasto primario. Sin estas medidas, el «ataque de tos» que predice el exministro podría transformarse en una crisis de confianza que encarezca el costo del capital para todo el sector productivo nacional, comprometiendo el crecimiento de la próxima década.














