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Colombia reporta a la ONU avance del 30% en formalización de tierras en Acuerdo de Paz

La ministra de Relaciones Exteriores, Rosa Yolanda Villavicencio, oficializó la formalización de más de dos millones de hectáreas

New York – 23 Abril de 2026. En una sesión estratégica ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Nueva York, el Estado colombiano ha presentado un balance técnico sobre la ejecución de la Reforma Rural Integral, eje central del Acuerdo de Paz. La ministra de Relaciones Exteriores, Rosa Yolanda Villavicencio, oficializó la formalización de más de dos millones de hectáreas, una cifra que sitúa el avance de cumplimiento del primer punto del acuerdo en un 30% respecto a la meta estructural establecida.

Este reporte internacional no solo busca validar los esfuerzos de la administración actual en materia de política agraria, sino también consolidar la percepción de Colombia como un escenario de estabilidad institucional y compromiso con la seguridad jurídica sobre la propiedad rural, factores determinantes para la inversión extranjera directa en el sector agroindustrial.

Reforma Rural Integral: indicadores de redistribución y equidad

El informe presentado destaca una aceleración en la redistribución de activos territoriales. Desde 2022, el país ha logrado la adjudicación de más de 305.000 hectáreas a campesinos y comunidades étnicas. Este movimiento de tierras no solo responde a una deuda histórica de titulación, sino que pretende integrar regiones antes marginadas a los circuitos económicos formales, potenciando la productividad del sector primario.

Un componente diferenciador en el reporte de este trimestre es el enfoque de género en la tenencia de la tierra. Según datos suministrados por la Cancillería, en enclaves estratégicos como la región del Catatumbo, el 70% de las tierras entregadas han beneficiado a mujeres. Para el analista económico, este indicador es clave: la literatura financiera internacional sugiere que la seguridad en la tenencia de tierra por parte de mujeres incrementa la reinversión en bienestar social y estabilidad económica local, reduciendo la volatilidad en las zonas de posconflicto.

Garantías institucionales y arquitectura de seguridad

Más allá de la propiedad, la sostenibilidad del Acuerdo de Paz depende de la seguridad en los territorios. Colombia reportó la activación de 11 instancias tripartitas de Seguridad y Protección. Estas estructuras están diseñadas para mitigar los riesgos de los firmantes del acuerdo y las comunidades rurales, operando como un marco de gobernanza territorial que busca desplazar la influencia de actores armados ilegales.

No obstante, el reporte mantuvo un tono de rigor analítico al reconocer que persisten desafíos críticos. La persistencia de economías ilícitas y las amenazas contra líderes sociales siguen siendo variables que afectan la prima de riesgo del país. La consolidación de la paz se interpreta, bajo este análisis, no como un evento concluido, sino como un proceso de gestión de riesgos constante que requiere la presencia efectiva del Estado en áreas de baja densidad institucional.

Implicaciones presupuestales y el rol de la Misión de Verificación

Un punto de especial atención en la intervención de la canciller Villavicencio fue la advertencia sobre los recortes presupuestales que enfrentan los organismos multilaterales. Colombia instó a la comunidad internacional a mantener el financiamiento de la Misión de Verificación de la ONU, bajo la tesis de que la auditoría externa es fundamental para la credibilidad del proceso ante los mercados y organismos de crédito.

Para el inversor y el profesional de relaciones internacionales, este llamado subraya una realidad económica: la paz en Colombia tiene un impacto sistémico en la región. La estabilidad del país actúa como un ancla para la seguridad andina y caribeña. Desde una perspectiva macroeconómica, la transición exitosa hacia una economía rural formalizada representa la apertura de nuevos mercados de exportación y la reducción de costos operativos asociados a la inseguridad, consolidando a la paz como una política de Estado con retornos financieros y sociales de largo plazo.