Advertisement

NOAA proyecta una temporada de huracanes por debajo del promedio en el Atlántico ante inminente fenómeno de El Niño

El marco temporal de observaciones comenzará formalmente el 1 de junio y se extenderá hasta el 30 de noviembre.

Estados Unidos -21 de Mayo de 2026. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) oficializó sus proyecciones meteorológicas para la temporada de huracanes del Atlántico 2026. El organismo prevé una actividad por debajo de los registros históricos promedio en la cuenca, un comportamiento condicionado por variables climáticas globales de gran escala. De acuerdo con el reporte técnico de la agencia estadounidense, existe un 55 % de probabilidades de que el periodo registre un dinamismo inferior a la media. Asimismo, se asigna un 35 % de opciones a un escenario promedio y apenas un 10 % a una evolución por encima de la norma.

El marco temporal de observaciones comenzará formalmente el 1 de junio y se extenderá hasta el 30 de noviembre. Durante estos meses, los modelos numéricos de la NOAA anticipan la formación de un rango de entre ocho y 14 tormentas con nombre. Este modelo predictivo incluye tanto tormentas tropicales como huracanes.

De este volumen total de sistemas en desarrollo, la agencia meteorológica proyecta que entre tres y seis alcancen la categoría de huracán. De igual forma, el modelo indica que hasta tres de estos fenómenos podrían evolucionar hacia la escala de huracán mayor. Esta última clasificación agrupa a los ciclones de categoría 3 o superiores en la escala Saffir-Simpson.

Esta perspectiva contrasta con los balances históricos del Atlántico. Una temporada promedio genera de forma regular 14 tormentas con nombre, de las cuales siete se transforman en huracanes y tres alcanzan magnitudes mayores.

El Niño surge como el factor moderador del sistema

El principal motor detrás de esta contracción en la actividad ciclónica es el retorno previsto del fenómeno de El Niño. Los expertos anticipan que este patrón climático natural podría alcanzar una intensidad históricamente alta durante el transcurso del año. Aunque el Pacífico ecuatorial se encuentra actualmente en una fase neutra tras el repliegue de La Niña, el Centro de Predicción Climática proyecta la consolidación de El Niño para los inicios del verano. Una vez establecido, el fenómeno mantendrá su influencia durante la totalidad del ciclo de huracanes.

Desde la perspectiva de la física atmosférica, El Niño altera la circulación del aire global debido al calentamiento de las aguas del Pacífico. En el Atlántico, este cambio eleva la intensidad de los vientos en las capas superiores de la atmósfera. Este proceso técnico, denominado cizalladura del viento, interrumpe la estructura vertical de los sistemas tropicales en desarrollo. Al desestabilizar la organización de las nubes, el entorno impide que las tormentas ganen fuerza de manera eficiente, limitando así el número final de ciclones.

La última ocasión en que la NOAA emitió un pronóstico con una tendencia inferior al promedio histórico fue en el año 2015. En ese periodo, la cuenca atlántica experimentó la presencia regular de El Niño y culminó el ciclo con un total de 12 tormentas con nombre.

El balance térmico del océano y las variables de cambio climático

Los analistas meteorológicos advierten que los patrones históricos enfrentan nuevas dinámicas debido a la crisis climática. En años recientes, las anomalías térmicas en los océanos han contrarrestado el efecto moderador de los vientos de El Niño. Un ejemplo de esto ocurrió en 2023, cuando las temperaturas récord de la superficie del mar sirvieron de combustible para los ciclones, superando la fuerte cizalladura atmosférica. Durante el pasado año 2025, el Atlántico registró 13 tormentas con nombre y cinco huracanes. De ese grupo, tres sistemas —Erin, Humberto y Melissa— sufrieron una intensificación explosiva que los llevó a la categoría 5.

Para el ciclo de 2026, el panorama térmico exhibe condiciones particulares. Las aguas de la cuenca atlántica mantienen registros superiores a los parámetros normales para este mes de mayo. Sin embargo, los valores actuales se sitúan lejos de los picos históricos observados en 2023 y 2024. Debido a que el calentamiento marino alcanza su punto máximo en agosto, la evolución de estas temperaturas en los próximos meses será clave para definir la intensidad real de las tormentas.

Proyecciones operativas para el inicio del ciclo

El arranque de la temporada el 1 de junio no implica una aparición inmediata de grandes ciclones en los radares. Los datos históricos muestran que la primera tormenta tropical se define, en promedio, alrededor del 20 de junio. Asimismo, el desarrollo del primer huracán suele retrasarse hasta mediados de agosto. El comportamiento de 2025 validó esta tendencia con la formación de la tormenta tropical Andrea el 24 de junio y del huracán Erin el 15 de agosto.

Para el corto plazo, los pronósticos del Centro Nacional de Huracanes no anticipan actividad tropical relevante para el cierre de mayo. Los modelos matemáticos también muestran un alto grado de incertidumbre para los primeros días de junio. Los expertos concluyen que, si ocurren ciclogénesis tempranas en esta fase inicial, los sistemas se desarrollarán de manera probable en zonas cercanas al continente americano, con especial foco en el golfo de México o en la franja costera del Atlántico estadounidense.