Bogotá, 15 de octubre de 2025. La propuesta del Gobierno nacional de reducir a cero los aranceles para la importación de hilados, telas y cueros, con el fin de fortalecer la industria de la confección, genera preocupación en el sector exportador. Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), alertó sobre el impacto negativo en la hilatura local y el cumplimiento de las normas de origen del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, principal destino de las prendas colombianas. La medida, impulsada por el presidente Gustavo Petro para abaratar costos y competir con importaciones asiáticas, divide a los gremios: mientras confeccionistas la ven como un alivio, hilanderos y exportadores temen la desaparición de la producción nacional de hilos y la pérdida de miles de millones en ventas externas.
El anuncio, realizado el domingo 12 de octubre vía redes sociales, responde a una iniciativa del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT) para aliviar la cadena de suministro textil. Petro instruyó a la ministra Laura Sarabia a eliminar «todos los aranceles a telas y cueros» para «proteger y expandir las confecciones», argumentando que los gravámenes actuales –hasta el 40%– encarecen los insumos y limitan la competitividad frente a marcas de fast fashion como Shein. El sector, que genera US$3.000 millones en exportaciones anuales y emplea a 400.000 personas, mayoritariamente mujeres en regiones como Antioquia y Valle del Cauca, podría beneficiarse de menores costos en la prenda final.
Sin embargo, la extensión a hilados procesados –el eslabón inicial de la cadena– despierta alertas. En una entrevista con W Radio, Díaz detalló: «El Gobierno ha planteado llevar a cero el arancel para los hilados y los insumos del sector de la confección. Nos preocupa particularmente el cero por ciento en la hilatura, porque eso puede significar la desaparición de las hilanderías –pocas ya que quedan en Colombia– y quedaríamos sin hilados de origen nacional, por lo que no podríamos cumplir con la norma de origen para exportar a Estados Unidos».
Norma de origen en el TLC: El talón de Aquiles de la propuesta
El TLC Colombia-EE.UU., vigente desde 2012, exige que al menos el 55% del valor de una prenda sea de «origen regional» para ingresar sin aranceles. Para hilos y tejidos, esto implica procesos y materias primas nacionales. Colombia produce solo el 10% de sus hilados localmente, a través de unas tres hilanderías en Antioquia y Boyacá, con capacidad para 50.000 toneladas anuales. Un arancel cero abriría la importación masiva de hilos asiáticos, 30% más baratos, potencialmente cerrando estas plantas.
Díaz enfatizó: «La preocupación es que vamos a perder la posibilidad de exportar nuestras confecciones a Estados Unidos». El 70% de las exportaciones textiles (US$1.000 millones al año) van a ese mercado. Sin cumplimiento de origen, las prendas enfrentarían aranceles del 16%, erosionando márgenes ya ajustados al 5%. Coltejer, una de las hilanderías afectadas, estima 500 despidos inmediatos, con un efecto cascada de 100.000 puestos en confección.
El directivo cuestionó la estrategia: «¿Por qué eliminar el arancel y no tocar los umbrales? Es posible lograr el objetivo del Gobierno sin tocar los umbrales que establecen un arancel para este tipo de productos?». Los umbrales –cuotas anuales de importación exentas– permiten volúmenes controlados. Analdex propone elevarlos un 20% y reducir aranceles solo en fibras crudas, preservando la hilatura sin bloquear insumos.
Gremios polarizados: Competitividad versus protección industrial
La industria textil, que representa el 2% de las exportaciones no tradicionales, está dividida. La Asociación Colombiana de la Industria de la Confección y Afines (Acicam) celebra la medida. Su presidente, Miguel Vélez, argumenta: «Reducir costos en insumos es vital para competir con fast fashion». Para 1.500 microempresas, el alivio podría significar márgenes viables en un mercado global saturado por China.
El MinCIT, que ya redujo temporalmente aranceles a diez insumos textiles y de calzado, anunció mesas técnicas con gremios para equilibrar. Sarabia enfatizó: «Buscamos reindustrialización con justicia social». Petro complementa con subsidios a energía y créditos blandos, pero Díaz replica: «¿Cómo reindustrializar si eliminamos el eslabón inicial?».
Contexto y perspectivas: Un sector en la encrucijada
La polémica irrumpe en un octubre de datos positivos: el DANE reporta ventas minoristas +12,4% en agosto, con textiles al alza gracias a demanda externa. El decreto se prevé para noviembre, pero el impacto ya se anticipa en mercados. Analdex urge revisión de umbrales para un «cero selectivo».
El textil, con US$3.000 millones en ventas y 400.000 empleos, depende del TLC para el 70% de sus envíos a EE.UU. Una decisión apresurada podría costar 10% de la producción. Mientras, en talleres de Itagüí y Envigado, el debate es simple: ¿competitividad global o supervivencia local?
El MinCIT convocará audiencias públicas en las próximas semanas. Colombia, con su TLC como pilar comercial, enfrenta un dilema clásico: apertura versus protección. El hilo de la decisión se tensa, y su corte podría deshilvanar un sector vital.














