Octubre 8 de 2025- El oro ha tocado el cielo, o al menos un récord que pocos anticipaban tan pronto. En los mercados internacionales, el metal precioso cruzó la línea de los 4.000 dólares por onza, un hito que no solo marca un nuevo techo histórico, sino que reafirma su estatus como el refugio por excelencia en tiempos turbulentos. Este salto, que ha dejado boquiabiertos a traders desde Nueva York hasta Londres, responde a una tormenta perfecta de factores: un dólar debilitado, tensiones fiscales en Washington y un apetito voraz de bancos centrales por acumular reservas doradas.
No es un capricho del mercado. El precio spot del oro escaló un 2,5% en la sesión, impulsado por ventas masivas de bonos del Tesoro y un índice del dólar que se hundió por debajo de 100 puntos, su nivel más bajo en tres años. Para los inversionistas, esto significa que el oro no solo protege patrimonios, sino que genera ganancias: en lo que va de 2025, acumula un 48% de subida, con un rebote adicional del 12% desde finales de agosto.
Este rally no surge de la nada. Recuerden la pandemia, cuando el oro se disparó por los estímulos ilimitados y la inflación que asomaba. O los últimos cinco años, donde su precio se ha duplicado, pasando de unos 2.000 dólares en 2020 a este estratosférico nivel. Ahora, con la economía global aún lamiendo heridas de recesiones pasadas y guerras comerciales latentes, el metal brilla más que nunca.
Dólar a la baja: el catalizador que enciende la mecha
El debilitamiento del billete verde es el gran culpable visible. Cuando el dólar pierde fuelle –como ahora, con un retroceso del 5% en el último trimestre–, el oro se abarata para compradores en euros, yenes o pesos colombianos. Es simple aritmética: más accesible para el mundo emergente, que representa el 60% de la demanda global.
Pero no es solo eso. La aversión al riesgo se ha disparado por las peleas en el Congreso estadounidense. Con el techo de deuda en el horizonte y un posible shutdown gubernamental en noviembre –el tercero en una década–, los inversionistas huyen de activos volátiles como acciones tech o criptos. El oro, con su inmutabilidad, absorbe ese capital.
En Colombia, esto resuena fuerte. Con un dólar rondando los 3.800 pesos, el oro local –cotizado en la Bolsa de Valores de Colombia– ha subido un 50% en el año, atrayendo a fondos de pensiones y ahorradores que buscan blindarse contra la inflación, que aún ronda el 5% anual.
Bancos centrales y ETF: el músculo institucional al mando
Las compras institucionales son el motor silencioso de este boom. Bancos centrales de Asia y Oriente Medio –China, India, Turquía– han sumado 500 toneladas en lo que va de año, un récord que supera el de 2022. Es diversificación pura: menos dependencia del dólar, más soberanía en reservas. El Banco Popular de China, por ejemplo, reportó adiciones de 20 toneladas solo en septiembre, citando «incertidumbres geopolíticas».
Y no olvidemos los ETF. Los fondos respaldados por oro físico, como el SPDR Gold Shares, registraron entradas netas de 17.000 millones de dólares en septiembre –el mes más jugoso de la historia, según datos de ETFGI–. Esto equivale a 400 toneladas absorbidas por inversionistas minoristas e institucionales, que ven en el oro un contrapeso a la volatilidad de las bolsas. En Europa, donde la inflación persiste por encima del 2%, estos flujos han sido clave para sostener el rally.
El resultado: un mercado ajustado. La oferta física, dominada por minas en Sudáfrica y Australia, crece solo un 1% anual, mientras la demanda industrial –joyería, electrónica– se mantiene estable. Con scrap metal en mínimos, el desbalance empuja precios al alza.
Cinco años de oro: de la pandemia al pico actual
Retrocedan al 2020: el oro rozaba 2.000 dólares en medio de cuarentenas y billones en estímulos. Desde entonces, la narrativa ha sido la misma: inflación global al 6% promedio, tasas reales negativas y conflictos como Ucrania o Gaza que avivan el miedo. En 2025, con la Fed pausando recortes de tasas ante datos mixtos de empleo, el oro aprovecha el vacío.
Para Colombia, el impacto es dual. Exportadores de oro –como la mina Buriticá en Antioquia– celebran con ingresos en dólares que mitigan la devaluación. Pero para joyeros y artesanos en Itagüí o Bogotá, los costos suben, presionando márgenes.
Riesgos en el horizonte: no todo brilla para siempre
Pese al fulgor, el oro no es inmune. Un endurecimiento monetario de la Fed –si la inflación repunta en EE.UU.– podría elevar tasas y hacer rendir más a bonos o acciones. Con yields del Tesoro al 4,5%, el oro, que no paga intereses, pierde lustre. También, si las tensiones geopolíticas se diluyen –un alto el fuego en Medio Oriente, por ejemplo–, el flujo refugio podría revertir.
Correcciones técnicas acechan: el RSI del oro está en 75, zona de sobrecompra. Una caída del 10% no sería sorpresa, como en 2011 o 2022. Aun así, expertos como los de BlackRock ven el ciclo extendido: «Inflación pegajosa, dólar débil y bancos centrales compradores mantienen el piso alto».














