Turbo, 9 de enero de 2026. La región de Urabá enfrenta una crisis climática sin precedentes que amenaza su estabilidad económica. Durante el inicio de 2026, las lluvias triplicaron los promedios históricos de la zona. Esta situación obligó a la Asociación de Bananeros de Colombia (Augura) a emitir una alerta nacional. El gremio reporta más de 1.200 hectáreas de banano en riesgo de pérdida total debido a inundaciones prolongadas.
Las plantaciones han permanecido bajo el agua por más de 96 horas. Este exceso de humedad destruye los cultivos de forma irreversible. Además, la saturación hídrica provocó el colapso de infraestructuras clave. Los ríos Carepa y Grande sufrieron rupturas en sectores estratégicos como El 10 y Nueva Colonia. Por su parte, el río León superó su cota normal en 1,10 metros, lo que impide el drenaje natural de los suelos.
El «tapón hidráulico» y el riesgo fitosanitario
Un fenómeno marítimo agrava la emergencia en las zonas productoras. Una marea alta de 95 centímetros y fuertes vientos bloquean la desembocadura de los ríos en el mar. Este «tapón hidráulico» neutraliza los sistemas de drenaje de las fincas. La parálisis operativa es casi total en las áreas afectadas.
La crisis también detuvo las labores de mantenimiento sanitario. Los aviones de aspersión aérea no pueden volar debido al mal tiempo. Esta interrupción eleva el riesgo de enfermedades en las plantas, lo que compromete la calidad de la fruta para exportación. Augura advierte que, aunque el clima mejore temporalmente, la amenaza de nuevos frentes fríos mantiene la alerta máxima en la región.
Impacto social y llamado al Gobierno Nacional
El sector bananero es el principal motor de empleo en Urabá, con 20.000 puestos de trabajo formales. La pérdida de los cultivos impactaría directamente la estabilidad de miles de familias. Ante este escenario, Augura solicita al Gobierno Nacional una intervención urgente. El gremio pide líneas de crédito de fomento y emergencia para recuperar la viabilidad de los predios.
La rapidez de la respuesta estatal determinará el futuro de la competitividad bananera. Sin apoyo financiero, los productores difícilmente podrán reconstruir la infraestructura dañada. La crisis del Urabá no es solo un problema agrícola, sino una emergencia social que requiere acciones contundentes para proteger el patrimonio de la región.














