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Antioquia implementa 218 unidades productivas para seguridad alimentaria con enfoque de género

Foto: Gobernación. La Primera Dama de Antioquia, Susana Ochoa Henao, ha liderado la puesta en marcha de 218 nuevas unidades productivas en 12 municipios.

Medellín, 30 de octubre de 2025. La Primera Dama de Antioquia, Susana Ochoa Henao, en coordinación con la Unidad de Programas Sociales de la Gobernación y primeras damas y alcaldesas departamentales, ha liderado la puesta en marcha de 218 nuevas unidades productivas familiares, escolares y comunitarias en 12 municipios. Esta iniciativa busca mitigar el hambre en la población antioqueña y fomentar la autonomía económica, particularmente de las mujeres, mediante la generación de ciclos productivos locales de alimentos. La implementación se inicia en el municipio de Liborina, con la entrega de insumos para 20 unidades rurales, de las cuales 19 están dirigidas por madres cabeza de familia y una corresponde a la Institución Educativa San Francisco de Asís, sede rural El Guamal.

El despliegue de estas unidades se enmarca en el Mes de la Seguridad Alimentaria y Nutricional, destacando su alineación temporal con esfuerzos nacionales por la soberanía alimentaria. Los municipios beneficiados incluyen Angostura, Cisneros, El Peñol, Frontino, La Unión, Liborina, Puerto Nare, Sabanalarga, Sabaneta, San Pedro de los Milagros, Santo Domingo y Yalí, cubriendo una diversidad geográfica que abarca zonas rurales dispersas del departamento. Cada unidad productiva se configura como una estructura tipo seminvernadero de 40 metros cuadrados, equipada con camas de cultivo, sistema de riego integrado, insumos como semillas y plántulas, material orgánico, kit de jardinería, compostera, árboles frutales y trampas para insectos.

Esta estructura técnica acelera los ciclos de producción agrícola, optimiza el control de variables ambientales como temperatura y humedad, y reduce la incidencia de plagas y enfermedades, contribuyendo a una mayor eficiencia en el uso de recursos hídricos y suelo. En un contexto departamental donde la vulnerabilidad alimentaria afecta desproporcionadamente a hogares rurales, estas intervenciones representan un mecanismo de estabilización económica a escala micro, con potencial para diversificar fuentes de ingreso familiar y reducir la dependencia de mercados externos volátiles.

Despliegue inicial en Liborina y selección de beneficiarios

La entrega en Liborina marca el arranque operativo de la iniciativa, priorizando a familias en condición de pobreza, instituciones educativas y organizaciones comunitarias identificadas por las administraciones municipales. El criterio de selección enfatiza la vulnerabilidad alimentaria y el compromiso con procesos productivos sostenibles, asegurando una distribución equitativa de recursos. De las 20 unidades iniciales, el predominio de liderazgos femeninos —con 19 madres cabeza de familia— subraya el enfoque en la equidad de género, alineado con estrategias nacionales de empoderamiento económico que buscan elevar la participación laboral femenina en actividades agropecuarias.

Susana Ochoa Henao, Primera Dama de Antioquia, resaltó el valor colectivo de la iniciativa: «Me llena de orgullo impulsar este programa, porque sé que las familias, las comunidades y las escuelas necesitan iniciativas que las unan, que les permitan trabajar en equipo y construir bienestar desde la colectividad y la solidaridad». Esta perspectiva operativa integra componentes sociales y productivos, fomentando redes locales que trascienden la mera provisión de insumos para incorporar formación en técnicas agroecológicas y gestión comunitaria.

Desde un análisis de impacto, la focalización en madres cabeza de familia genera externalidades positivas en la dinámica familiar, como la mejora en la nutrición infantil y la acumulación de capital humano a través de habilidades transferibles. En regiones como Liborina, caracterizadas por economías primarias dependientes de la agricultura de subsistencia, tales unidades pueden incrementar la productividad por hectárea en hasta un 30% mediante prácticas controladas, según métricas estándar de eficiencia en seminvernaderos, contribuyendo a una mayor resiliencia ante fluctuaciones climáticas.

Integración en la estrategia BienEstar y financiamiento mixto

Las 218 unidades se incorporan a la estrategia BienEstar de la Gobernación de Antioquia, que acumula dos mil implementaciones previas en el departamento. Financiada en gran medida con recursos del impuesto vehicular, esta política pública canaliza ingresos fiscales locales hacia intervenciones de alto impacto social, optimizando la asignación presupuestaria para abordar desigualdades estructurales. La inversión total para estas nuevas unidades asciende a 2.129 millones de pesos, aportados conjuntamente por la Gobernación y las alcaldías, lo que refleja un modelo de cofinanciamiento que distribuye cargas fiscales y asegura la sostenibilidad a mediano plazo.

Este esquema de financiamiento mixto ilustra una aproximación fiscal progresiva, donde impuestos indirectos como el vehicular se redirigen hacia bienes públicos esenciales, tales como la seguridad alimentaria. En términos macroeconómicos, la estrategia genera un efecto multiplicador en economías locales: cada unidad productiva no solo reduce costos alimentarios familiares —estimados en un 20-25% de los ingresos en hogares vulnerables—, sino que estimula cadenas de valor locales mediante la compra de insumos y la eventual comercialización de excedentes. Para inversionistas en sectores agroindustriales, esta red de unidades representa un potencial nicho para alianzas en distribución y procesamiento, alineado con tendencias de consumo hacia productos orgánicos y de proximidad.

La mitigación de plagas mediante trampas y composteras incorpora principios de agricultura regenerativa, reduciendo la huella ambiental de la producción y alineándose con metas departamentales de sostenibilidad. En un departamento donde el 40% de la población rural enfrenta inseguridad alimentaria moderada o severa, según indicadores del Sistema de Información de Seguridad Alimentaria y Nutricional, estas intervenciones escalan esfuerzos para cumplir con objetivos de desarrollo sostenible, particularmente el ODS 2 sobre hambre cero.

Testimonios y proyecciones de impacto comunitario

Luz Maya Acevedo, beneficiaria en la vereda El Retiro de Liborina, describió su experiencia inicial: «Al principio cuando me llamaron del municipio a decirme que había sido seleccionada no me lo creía, estaba feliz. Toda mi vida he querido sembrar lo que yo misma me voy a comer porque sé que es muy sano y además genero ingresos a mi familia. Trabajo con amor y con ganas». Este relato ejemplifica el componente motivacional de las unidades, que trasciende la asistencia para promover emprendimientos autosostenibles.

A nivel comunitario, las unidades escolares como la de El Guamal integran educación nutricional en currículos locales, fomentando la transmisión intergeneracional de prácticas agrícolas. Las unidades familiares y comunitarias, por su parte, fortalecen tejidos sociales mediante asociaciones productivas, potencialmente elevando la tasa de formalización económica en municipios como Frontino o Yalí, donde la informalidad rural supera el 70%.

En proyecciones analíticas, la expansión a 218 unidades podría generar un ahorro agregado en importaciones alimentarias departamentales equivalente a 500 millones de pesos anuales, basado en rendimientos típicos de seminvernaderos de escala similar. Para el ecosistema financiero regional, esto implica oportunidades en microcréditos verdes y fondos de impacto social, que podrían captar flujos de inversión privada orientados a la transición agroecológica.

La Gobernación de Antioquia, a través de esta iniciativa, consolida un modelo de gobernanza colaborativa que integra actores locales en la ejecución, asegurando adaptabilidad a contextos específicos. Al promover la autonomía alimentaria y la sostenibilidad rural, el programa no solo atiende necesidades inmediatas de vulnerabilidad, sino que estructura bases para un crecimiento inclusivo, donde el trabajo colectivo se traduce en avances medibles contra el hambre en el departamento.