Bogotá, 13 de mayo de 2025 – La protección de la propiedad intelectual (PI) se ha convertido en un pilar esencial para las empresas que buscan competir en un mercado globalizado. El reciente caso de Frisby en España, donde una compañía local registró la marca sin autorización, expuso las vulnerabilidades de no resguardar los activos marcarios en el exterior. Sin embargo, también destacó un ejemplo de ética empresarial: KFC y Kokoriko, competidores directos, apoyaron públicamente a Frisby, reconociendo su legado como ícono colombiano. Este episodio, que generó amplio debate, ofrece valiosas lecciones para las empresas que planean expandirse internacionalmente, según expertos de Baker McKenzie Colombia.
El conflicto surgió cuando Frisby España SL registró la marca en la Unión Europea, aprovechando que Frisby S.A. BIC, aunque tenía un registro desde 2005, no demostraba uso activo en el territorio. La Oficina de Propiedad Intelectual de la UE (EUIPO) otorgó a Frisby Colombia dos meses para probar el uso efectivo, bajo amenaza de perder la marca. “Este caso evidencia la importancia de anticiparse a los riesgos globales”, afirmó Yuliana Salamanca, socia de Baker McKenzie Colombia.
La primera lección es clara: registrar la marca en mercados estratégicos. Usar el Protocolo de Madrid, que permite proteger una marca en hasta 124 países con una sola solicitud, es clave para evitar que terceros se apropien de la reputación de una empresa. La segunda lección apunta a formalizar acuerdos con socios. Contratos de franquicia o distribución deben detallar el uso de la PI para prevenir disputas, como la que enfrentó Frisby con la empresa española.
El tercer aprendizaje es monitorear activamente la marca. Frisby no identificó a tiempo el registro en España, lo que complicó su defensa. Herramientas como TMview o la base de la OMPI permiten detectar registros similares y actuar con rapidez. Finalmente, el caso resalta la importancia de una competencia ética. El respaldo de KFC, con un mensaje en Instagram (“lo auténtico se respeta”), y de Kokoriko fortaleció la imagen de Frisby y elevó el estándar de la industria.
“La PI no solo protege activos, sino que refleja los valores de una empresa. Gestionarla con visión global y fomentar una competencia solidaria beneficia a todos”, concluyó Salamanca. El caso Frisby demuestra que una estrategia robusta de PI, combinada con relaciones éticas, es esencial para triunfar en el escenario internacional.














