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Aranceles del 10% a Colombia despierta incertidumbre sobre exportaciones

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la imposición de un arancel del 10% a las importaciones provenientes de Colombia, una medida que equipara el gravamen que este país aplica a los productos estadounidenses. Este giro en la política comercial podría transformar la dinámica entre ambas naciones, socios históricos bajo el Tratado de Libre Comercio (TLC) vigente desde 2012, y pone en jaque sectores estratégicos de la economía colombiana, que dependen en gran medida del mercado norteamericano.

Según analistas, este arancel podría impactar hasta el 30% de las exportaciones colombianas hacia Estados Unidos, un mercado que en 2024 absorbió bienes por valor de millas de millones de dólares. La balanza comercial entre ambos países ha sido históricamente deficitaria para Colombia: en 2022, el saldo negativo alcanzó los 3.089 millones de dólares, aunque en 2024 se redujo a -1.191 millones. Sin embargo, la nueva medida amenaza con revertir esta tendencia de recuperación y erosionar la competitividad de los productos colombianos en el principal destino de sus exportaciones no petroleras.

El presidente colombiano, Gustavo Petro, no tardó en reaccionar, calificando la decisión como “un grave error”. En tono crítico, Petro defendió la política arancelaria de su gobierno: “Nosotros bajamos aranceles a lo que permitimos desarrollos industriales más avanzados en Colombia y elevamos aranceles a lo que nos impida producciones avanzadas o estratégicas en el país”. Sus palabras reflejan una postura proteccionista selectiva, pero también evidencian la tensión que esta medida genera en las relaciones bilaterales.

Un impacto directo en sectores clave

El café, emblema de las exportaciones colombianas, ilustra el alcance del problema. El pasado 2 de abril, el precio del café cerró en la Bolsa de Nueva York en 3,88 centavos de dólar por libra. Considerando que una tonelada equivale a unas 2.204 libras, el valor de una tonelada ronda los 8.553 dólares. Con el arancel del 10%, el costo para los importadores estadounidenses ascendería a 9.408 dólares, un incremento que podría debilitar la posición del café colombiano frente a competidores como Brasil o Vietnam.

Germán Bahamón Jaramillo, presidente de la Federación Nacional de Cafeteros, expresó su preocupación: “El ajuste arancelario genera una legítima inquietud en el sector cafetero, especialmente por su posible efecto en la demanda en Estados Unidos, nuestro mercado más importante”. Sin embargo, Bahamón confía en la resiliencia del sector: “Colombia conserva su competitividad y seguirá siendo un proveedor confiable, ofreciendo el mejor café suave del mundo”.

Otros sectores, como la agroindustria y la manufactura, también enfrentan riesgos. Bruce Mac Master, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi), calificó la medida como “el hecho más disruptivo en el comercio internacional desde la Segunda Guerra Mundial”. Advirtió que el desafío para las empresas será mantener su dinamismo y competitividad, mientras los productores podrían verse forzados a absorber parte del costo adicional, reduciendo márgenes de ganancia y poniendo en riesgo millas de empleos.

Voces a favor y en contra

María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara Colombo Americana (Amcham), ofreció una visión más optimista: “Al ser una medida universal, todos los países proveedores enfrentan el mismo aumento, por lo que los productos colombianos siguen siendo competitivos en el mercado de EE.UU”. No obstante, reconoció que el incremento en los costos podría traducirse en una caída de las exportaciones si no se toman medidas rápidas.

Por su parte, la senadora Paola Holguín planteó interrogantes sobre la viabilidad de la medida: “¿Cómo se implementaría teniendo en cuenta el TLC vigente? Cualquier arancel afectaría a 3.200 empresas y 600 mil empleos”. Holguín también vinculó el anuncio de un deterioro en las relaciones bilaterales, agravado por las posturas del gobierno Petro y amenazas como una posible descertificación por el aumento del narcotráfico.

¿Qué sigue para Colombia?

La imposición de aranceles llega en un momento delicado para la economía colombiana, que busca consolidar su recuperación tras años de desafíos. La diplomacia comercial será clave para mitigar el impacto, mientras el sector privado y el gobierno deberán trabajar en conjunto para fortalecer la productividad y explorar nuevos mercados. Por ahora, la incertidumbre reina en un país que, pese a los obstáculos, se aferra a su capacidad para seguir siendo un actor relevante en el comercio global.

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