El aporte al aparato productivo varía sustancialmente cuando se analiza desde una perspectiva de género. Al desagregar el indicador por sexo, el valor generado por las mujeres representó el 14,8% del PIB total.
Bogotá -10 de julio de 2026. La cuantificación de las actividades del hogar sin retribución monetaria consolida su peso dentro de la macroeconomía del país. Este viernes 10 de julio de 2026, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) presentó los resultados provisionales de la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado.
En concreto, el informe revela que el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado (TDCNR) alcanzó un valor económico de $340,5 billones de pesos durante el año 2024, lo que equivale al 19,9% del Producto Interno Bruto (PIB).
Una radiografía de la brecha de género en el hogar
Por un lado, el aporte al aparato productivo varía sustancialmente cuando se analiza desde una perspectiva de género. Al desagregar el indicador por sexo, el valor generado por las mujeres representó el 14,8% del PIB total. Por otro lado, la contribución de la población masculina se ubicó en apenas un 5,1% de la producción nacional. Por lo tanto, los datos oficiales demuestran que las dinámicas familiares sostienen un desequilibrio estructural en las cargas de soporte del hogar.
“La producción del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado es mayor en las mujeres durante todo el ciclo vital”, destacó el informe técnico del DANE.
La distribución del tiempo y las actividades críticas
El impacto según la tipología de los hogares
En primer lugar, la medición en términos de tiempo dimensiona el esfuerzo físico invertido dentro de los hogares del país. Durante el año de análisis se registraron 44.326 millones de horas dedicadas a estas labores cotidianas. Ciertamente, el protagonismo recae en las mujeres, quienes asumieron el 75,9% de esa bolsa global de horas. De este modo, se evidencia que la economía del cuidado recae de forma desproporcionada sobre la fuerza laboral femenina.
En segundo lugar, el DANE identificó cuáles son las tareas específicas que demandan la mayor cantidad de jornadas internas. El suministro de alimentos lidera el indicador, seguido muy de cerca por la limpieza de las viviendas y la administración de los recursos del hogar.
Distribución de las actividades de cuidado no remunerado:
- Suministro de alimentos: Concentra la mayor participación del tiempo con un 36,3%.
- Limpieza y mantenimiento del hogar: Registra el segundo lugar con el 25,9% de las horas.
- Cuidado y apoyo a personas: Representa el 14,4% de la dedicación registrada.
- Mantenimiento de vestuario: Ocupa una porción equivalente al 11,7%.
- Compras y administración del hogar: Demanda el 10,5% del tiempo familiar.
- Voluntariado comunitario: Reporta la menor participación con un 1,2%.
Ciclo de vida y brechas monetarias per cápita
Sin duda, la composición del núcleo familiar determina la intensidad de estas labores sin pago. Los hogares nucleares con hijos concentraron el 37,9% de las horas totales calculadas en el país, con una participación femenina del 75,5%. Por esta razón, en los contextos de hogares monoparentales con jefatura femenina, la situación se agudiza de forma notoria, pues las mujeres aportaron el 88,3% del tiempo total destinado a dichas actividades.
Como consecuencia de este escenario, el análisis por ciclo de vida arrojó que las mujeres dedican en promedio 23,5 horas semanales a estas labores, frente a solo 8,6 horas por parte de los hombres. En términos monetarios, la producción anual per cápita se estimó en $12,7 millones para ellas y $5,2 millones para ellos. Así pues, se configura una brecha económica per cápita de $7,4 millones de pesos al año entre géneros.
[Aporte Total de Mujeres: $213,4 Billones] ➡️ Edades entre 27 y 59 años: $127,3 Billones
[Aporte Total de Hombres: $75,7 Billones] ➡️ Brecha Monetaria Per Cápita: $7,4 Millones
Proyecciones normativas para el mercado laboral
Para concluir, el segmento poblacional ubicado entre los 27 y los 59 años de edad concentró la mayor producción monetizada, alcanzando los $127,3 billones en el caso específico de las mujeres. Efectivamente, reconocer el peso de la economía del cuidado plantea la urgencia de diseñar políticas públicas de flexibilización laboral. En última instancia, formalizar redes de apoyo estatales permitiría transferir estas cargas, abriendo espacio para que más mujeres se vinculen de forma remunerada a las pymes y al tejido empresarial formal colombiano durante este 2026.














