Bogotá, 29 de enero de 2026. El mercado automotor colombiano atraviesa una de las transformaciones más agudas de la última década. Mientras los vehículos nuevos enfrentan vientos en contra por el alza global en componentes tecnológicos y ajustes arancelarios, el segmento de los usados se consolida como el motor de la movilidad nacional. Al cierre del primer semestre de 2025, el Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT) reportó un hito: 485.156 traspasos, un crecimiento del 16,1% que evidencia un cambio estructural en las prioridades del consumidor.
En este escenario, las subastas de vehículos han dejado de ser un canal de nicho para convertirse en una herramienta de mercado masiva y transparente. Bajo el liderazgo de figuras como Martha Gómez, gerente de Subastas y Comercio, este modelo está capitalizando la necesidad de activos con precios competitivos y procedencia garantizada (leasing, renting y flotas corporativas), ofreciendo una alternativa de alta liquidez en un entorno de costos crecientes.
La hegemonía del usado frente al choque de suministros
La dinámica del mercado colombiano en 2026 no puede entenderse sin mirar hacia atrás. Durante 2025, por cada vehículo nuevo matriculado, se realizaron más de cuatro traspasos de usados. Este fenómeno se explica por una «tormenta perfecta» en la oferta de cero kilómetros: el encarecimiento del 63% en las memorias DRAM y la crisis de semiconductores han elevado los precios de los modelos nuevos a niveles prohibitivos para la clase media.
Las subastas emergen como el mecanismo de compensación ideal. Al alimentarse de vehículos provenientes de procesos de leasing y renting, garantizan un flujo constante de modelos recientes (2021-2024) con mantenimientos certificados. Este canal permite a los compradores finales y a pequeños empresarios acceder a inventarios que, en el mercado tradicional, estarían sujetos a la especulación de precios de los concesionarios.
El «Por Qué»: Transparencia y economía circular
¿Por qué una subasta es hoy más atractiva que una compra directa? La respuesta reside en la asimetría de información. En una venta entre particulares, el comprador asume riesgos mecánicos y legales. En la subasta profesional, el proceso es inverso: la transparencia es el activo principal.
Analogía: Si el mercado tradicional de usados es como buscar «una aguja en un pajar», la subasta es un inventario catalogado y auditado. Los compradores pujan conociendo el peritaje real, lo que elimina el «sobreprecio por incertidumbre». Además, este modelo es el corazón de la economía circular automotriz: extiende la vida útil de flotas corporativas eficientes, reduciendo la necesidad de fabricar nuevas unidades y, por ende, disminuyendo la huella de carbono asociada a la producción industrial.
Acceso a movilidad sin descapitalización
Para el colombiano de a pie, el auge de las subastas y el mercado de usados en 2026 representa una tabla de salvación financiera:
- Precios de Entrada: Es posible encontrar vehículos funcionales y seguros desde los 12 a 25 millones de pesos (como los modelos Chevrolet Spark o Sail), valores impensables en el mercado de nuevos.
- Menor Depreciación: El comprador de un usado de subasta evita el «golpe» del 20% de pérdida de valor que ocurre apenas un coche nuevo sale de la vitrina.
- Seguridad Jurídica: Al provenir de entidades financieras (Leasing), los vehículos están libres de embargos o problemas legales, un alivio para el ahorro familiar.
Un modelo que se intensifica
De cara al cierre de 2026, se proyecta que las subastas digitales representarán más del 15% del total de traspasos en las principales ciudades (Bogotá, Medellín y Cali). La integración de herramientas de financiación inmediata dentro de las plataformas de subasta será el próximo paso, permitiendo que un usuario puje y obtenga su crédito en tiempo real.
La escasez de componentes para autos nuevos seguirá empujando los precios del usado al alza, convirtiendo a la subasta en el único lugar donde el comprador aún tiene el poder de decidir el precio final.














