Medellín, 4 de diciembre de 2025 – Mientras muchos siguen hablando de energía solar y carros eléctricos, Grupo Argos ya está comprando el recurso que nadie va a poder vivir sin mañana: el agua. Y lo hace con la misma fórmula que le ha dado resultado toda la vida: contratos largos, plata segura y mirada a varios países.
El primer paso: comprar una empresa que ya sabe cómo hacerlo
Todo empezó con la compra del 100 % de la mexicana Ticsa, una compañía que lleva 30 años construyendo y manejando plantas que convierten agua de mar en agua dulce y que limpian el agua sucia de las fábricas para que vuelva a servir. El precio fue cercano a los 140 millones de dólares y la vendió EPM, que se quedó feliz porque sabe que en manos de Odinsa (la empresa de concesiones de Grupo Argos) la van a hacer crecer mucho más rápido.
Para que quede claro: Argos no va a vender agua a las casas. Nada de llegar con pipetas a los barrios. Lo que van a hacer es construir y operar plantas gigantes que le vendan agua limpia a industrias, minas, hoteles, campos agrícolas y hasta pueblos enteros que se estén quedando sin agua. Y también van a limpiar el agua que botan las fábricas para que se pueda reutilizar. Son contratos de 20 o 30 años con clientes grandes que pagan puntual.
¿Por qué el agua es el nuevo oro y por qué ahora?
Aunque en Colombia creemos que sobra agua, hay sitios como La Guajira, Santa Marta, el Magdalena Medio o zonas mineras donde ya falta y falta mucho. Y si cruzamos la frontera, en Perú, Chile o el norte de México la cosa es dramática: ahí el agua vale literalmente oro. Construir una planta para sacar agua dulce del mar o limpiar agua usada cuesta mucha plata al principio, pero después el cliente te paga religiosamente durante décadas. Es exactamente el mismo negocio que una carretera de peaje o un aeropuerto: pones el billete grande al comienzo y luego cobras tranquilo por mucho tiempo.
Jorge Mario Velásquez, presidente de Grupo Argos, lo dijo sin rodeos: “Nos metemos en las dos puntas del negocio: sacar agua del mar y limpiar la que ya se usó. No vamos a competir con las empresas de acueducto de las ciudades, vamos directo a los clientes grandes que necesitan millones de litros todos los días”.
Por eso crearon Odinsa Aguas y la metieron dentro de Odinsa, la misma empresa que maneja autopistas como la vía al mar y aeropuertos como El Dorado o el de Quito. “Es el mismo modelo, solo que ahora en vez de asfalto es agua”, explica Velásquez.
¿Dónde van a poner las plantas?
El mapa ya está marcado:
- Colombia: zonas costeras y mineras donde empieza a faltar agua.
- Perú: minería y agricultura que necesitan millones de litros.
- Chile: el desierto de Atacama, donde reutilizar agua es la única opción.
- México: aprovechar la base que ya tiene Ticsa y crecer desde ahí.
Mauricio Ossa, presidente de Odinsa, resume la jugada: “Entramos a un sector donde vamos a poner toda nuestra experiencia y todo el billete que haga falta”.
Y hay un detalle que no pasa desapercibido: Velásquez se retira en 2026 después de más de 40 años en el grupo. Esta movida del agua será una de sus últimas grandes apuestas y muchos dicen que será de las más inteligentes que ha hecho. Porque cuando todo el mundo hable de que falta agua, Argos ya va a tener las plantas listas y los contratos firmados.
En pocas palabras: mientras otros sueñan con la transición energética, Grupo Argos ya está comprando el agua del futuro. Y lo hace con la receta paisa que nunca falla: pensar grande, invertir a largo plazo y mirar más allá de la cordillera.














