Medellín, 3 de diciembre de 2025. El programa Medellín Cómo Vamos presentó el Informe de Calidad de Vida 2025 y los resultados de la Encuesta de Percepción Ciudadana, realizada a 1.800 personas de todas las comunas y corregimientos. Por primera vez desde antes de la pandemia, el optimismo se impone con claridad: el 63 % de los medellinenses considera que la ciudad avanza en la dirección correcta, 23 puntos más que en 2023, el año más bajo de la serie histórica.
Solo Santa Elena mostró una leve caída; en el resto del territorio el ánimo mejoró sensiblemente.
Una economía más fuerte que ya llega a los hogares y una cultura que se convierte en motor de empleo
Los números confirman que Medellín vive su mejor momento económico en mucho tiempo. El ingreso promedio por persona subió 18 % entre 2023 y 2024 hasta 1,7 millones de pesos mensuales. La clase media creció del 48 % al 54 % de la población y la pobreza monetaria bajó del 27 % al 22 %. En el mercado laboral, cuatro de cada diez trabajadores del área metropolitana ganan ahora entre uno y dos salarios mínimos, lo que amplía la base de una clase media trabajadora que antes era más frágil.
El gran protagonista es el sector cultural, creativo y turístico. En solo cuatro años pasó de emplear a 60.000 personas en 2021 a 90.000 en 2025, con una informalidad menor (36 %) que el promedio de la ciudad (39 %). La gente lo siente: la asistencia a eventos culturales creció 67 % este año, el récord histórico, y el aumento fue especialmente fuerte en los estratos 1, 2 y 3, lo que hace más democrático el acceso a la cultura.
El hambre también retrocede con fuerza: la proporción de hogares donde alguien comió menos de tres veces en la semana bajó del 28 % en 2024 al 19 % en 2025, casi los niveles prepandemia. En 2024 no se registró ninguna muerte por desnutrición y las cifras preliminares de 2025 muestran caída tanto en desnutrición aguda como crónica en menores de cinco años.
La confianza en las instituciones públicas subió en promedio seis puntos durante esta administración. El Metro mantiene su trono con 96 % de favorabilidad; EPM ganó 14 puntos, el INDER 10 y Emvarias 8. La ciudad cerró 2024 con una de las posiciones fiscales más sólidas del país: solo 18,3 % de sus ingresos vienen de transferencias nacionales y recibió más de 2 billones de excedentes de EPM para inversión social.
Los retos que no se ven en los titulares pero que definen el futuro de Medellín
A pesar del buen momento, persisten problemas estructurales que no pueden quedar en segundo plano.
En educación, el rezago escolar y la deserción en secundaria y técnica son el gran cuello de botella. La matrícula en secundaria cayó 11 % aunque la población en esa edad solo bajó 1 %. Solo la mitad de quienes terminan el colegio pasa de inmediato a la universidad, y Medellín está por debajo del promedio de las grandes ciudades. Los programas técnicos y tecnológicos perdieron más de 20.000 estudiantes entre 2019 y 2024.
En seguridad, los homicidios y hurtos bajan, pero la convivencia está en alerta roja: el ruido y las riñas siguen siendo la principal molestia. En lo que va de 2025 ya van 16 % más llamadas al 123 por ruido que en el mismo periodo del año anterior, y las riñas generan más de 50.000 llamadas al año, casi 150 diarias.
El déficit habitacional alcanza 192.000 hogares (154.000 necesitan mejoras urgentes y 38.000 una vivienda completamente nueva). Miles de familias viven en zonas de alto riesgo por deslizamientos. En residuos sólidos, Medellín aprovecha menos del 14 % de lo que produce (Bogotá llega al 42 %) y, de seguir así, La Piñuela se llenará antes de 2030.
Menos niños, más pobreza infantil y una salud mental que clama atención
Medellín tiene cada vez menos niños y jóvenes, pero ellos concentran más de un tercio de la pobreza monetaria de la ciudad. Uno de cada tres pobres es menor de edad. Al mismo tiempo, la fecundidad está por debajo de un hijo por mujer y en 20 años habrá muchas más personas dependientes que trabajadores activos. Los hogares con madres cabeza de familia sin pareja concentran la mayor vulnerabilidad.
La crisis del sistema de salud nacional se siente en el día a día: más tutelas, más tiempo de espera, menos satisfacción y mayor gasto de bolsillo (8,7 % del ingreso familiar en 2024, frente al 6,5 % del año anterior). Y la salud mental es la deuda silenciosa: uno de cada cinco hogares reporta que alguien sufrió problemas mentales en el último año, pero solo tres de cada diez buscan ayuda profesional. Los principales detonantes son la situación económica, el estrés laboral y los conflictos familiares.
En palabras del informe, Medellín vive un momento dulce en lo económico y en la percepción ciudadana, pero los retos estructurales en educación, convivencia, hábitat, residuos, cambio demográfico y salud mental exigen decisiones valientes y de largo plazo. La ciudad tiene los recursos y la voluntad ciudadana; ahora falta que la agenda pública ponga en el centro lo que realmente define la calidad de vida de los próximos veinte años.














