Noviembre 10 de 2025. La plataforma Substack, valorada en 1.100 millones de dólares tras una ronda de financiación de 100 millones en julio de 2025, emerge como un modelo disruptivo en el ecosistema de contenidos digitales. Fundada en San Francisco en 2017 por Chris Best y Jairaj Sethi —ingenieros con experiencia en tecnología— junto al periodista Hamish McKenzie, especializado en innovación mediática, Substack intermedia entre autores independientes y lectores mediante newsletters por correo electrónico. Con más de cinco millones de suscriptores de pago y ingresos estimados en 45 millones de dólares anuales, la herramienta cobra un 10% de comisión sobre suscripciones, permitiendo a creadores monetizar directamente su audiencia. En un sector editorial global que genera 150.000 millones de dólares en ingresos digitales —según Statista—, esta valoración especulativa refleja apuestas sobre la desintermediación, aunque genera interrogantes sobre su sostenibilidad operativa.
Para analistas del mercado de contenidos, Substack ilustra la tensión entre escalabilidad y rentabilidad en plataformas de creator economy, un nicho que crece un 20% anual pero donde el 80% de los ingresos se concentra en el 1% de usuarios activos. La plataforma, con funciones que evocan un X menos polarizado —como recomendaciones algorítmicas y comunidades temáticas—, prioriza la relación directa autor-lector, un modelo que podría reconfigurar flujos de capital en un industria donde la publicidad digital representa solo el 40% de los ingresos medios tradicionales.
Orígenes y mecánica de un modelo de intermediación
Substack surgió en un contexto de crisis para la prensa escrita, marcada por el declive de la publicidad impresa y la transición fallida hacia modelos clickbait en los años 2010. Sus fundadores reclutaron inicialmente a periodistas de cabeceras como The New York Times y The Atlantic, ofreciendo salarios fijos anuales para atraer talento. Hoy, presume de 50 autores que superan el millón de dólares anuales en suscripciones, como Matthew Yglesias con su newsletter Slow Boring, que genera 1,4 millones de dólares de 18.000 suscriptores pagos. Sin embargo, esta élite contrasta con la realidad mayoritaria: el 90% de los creadores obtienen ingresos marginales o nulos, según estimaciones internas de la plataforma.
El funcionamiento es sencillo: autores publican boletines gratuitos o de pago —con precios desde 5 dólares mensuales—, mientras Substack gestiona pagos, distribución y analíticas. Esta estructura, con su baja comisión, reduce barreras de entrada para independientes, pero impone desafíos de retención de audiencia en un mercado saturado. Enrique Dans, profesor de Innovación en IE Business School, califica la valoración como «basada en expectativas más que en realidades»: «Pierde dinero, y su modelo apuesta a que la publicación digital migrará hacia relaciones directas autor-lector». Dans reconoce el mérito en la revitalización del newsletter clásico, pero cuestiona la viabilidad para la plataforma con márgenes del 10%, frente a costos operativos que incluyen marketing y soporte técnico.
Desde una perspectiva formativa, para inversionistas en edtech y media, el modelo de Substack —similar a Patreon o OnlyFans en monetización directa— ofrece un múltiplo de valoración de 24 veces sus ingresos anuales, superior al promedio de 15 veces en el sector digital. Esto sugiere un premium por crecimiento proyectado, pero expone riesgos si la adopción no escala más allá de nichos anglosajones, donde el 70% de suscriptores residen.
Competencia con la prensa tradicional: asimetrías estructurales
La prensa escrita ha evolucionado hacia suscripciones digitales para compensar el colapso publicitario, con The New York Times como referente: 10 millones de suscriptores y beneficios operativos de 350 millones de dólares en 2024. Modelos como este, con infraestructuras editoriales integrales, contrastan con el enfoque individual de Substack, donde un autor compite solo con su reputación. Aurelio Medel, profesor de Dirección y Gestión de Empresas Periodísticas en la Universidad Complutense de Madrid, enfatiza esta descompensación: «Un periodista aislado en un blog es anecdótico frente a la capacidad de un medio consolidado». Medel duda de que lectores opten por pagar 5 euros mensuales por un solo autor, cuando cabeceras ofrecen acceso ilimitado por precios similares.
Substack explota brechas no cubiertas por redes sociales o diarios tradicionales: la «basura» algorítmica de X o Instagram, y la desconexión de los jóvenes con periodismo impersonal. Mar Manrique, periodista con 24.000 suscriptores gratuitos, lo ve como «carta de presentación» más que fuente de ingresos: «Sirve para entrar en el mercado y construir marca personal». Esta utilidad secundaria —networking y visibilidad— genera externalidades positivas, pero limita su rol como sustento principal, con solo el 20% de autores alcanzando rentabilidad sostenida.
Analíticamente, en un mercado donde el consumo de noticias digitales crece un 15% anual pero la lealtad de audiencia es volátil, Substack podría catalizar una fragmentación que beneficie a nichos especializados, elevando el valor de la marca personal en un 25% para freelancers, según estudios de PwC.
Sustrato: una respuesta local a la grieta de demanda
En España, Fernando López-Pita, ingeniero con trayectoria en startups, lanzó Sustrato en 2024 como alternativa colectiva: una revista digital que agrupa a 40 autores jóvenes por 5 euros mensuales, apelando a lectores cansados de redes y ajenos a cabeceras tradicionales. López-Pita identificó una demanda insatisfecha: «Si en lugar de pagar por un autor pagan por 40, lo harán». Con un enfoque en textos en primera persona —estilo cercano que resuena en generaciones Z y millennials—, Sustrato explota la nostalgia por el «slow internet» de los blogs pre-redes sociales.
López-Pita critica la «artesanía» de la prensa española: «Periódicos muestran la misma web a todos, sin personalización, rompiendo la jerarquía de noticias». Advierte que, sin conexión con jóvenes, los medios tradicionales cederán terreno a plataformas como Sustrato, que priorizan narrativas íntimas sobre jerarquías editoriales. Manrique corrobora: «Los influencers conectan por hablar en primera persona; el lector percibe al periodista en una atalaya».
Para el sector, Sustrato representa un híbrido viable: economías de escala en curaduría colectiva, con potencial para capturar el 10% del mercado de suscripciones digitales en España, valorado en 500 millones de euros anuales. En un panorama donde el 60% de lectores jóvenes consumen noticias vía apps personalizadas, este modelo podría elevar retornos para autores emergentes en un 30%, diversificando ingresos más allá de freelancing tradicional.
Implicaciones para el ecosistema mediático global
Substack y derivados como Sustrato aceleran la desagregación de la prensa, donde el 70% de ingresos digitales proviene de suscripciones directas. Sin embargo, su escalabilidad depende de equilibrar comisiones bajas con crecimiento de usuarios, en un mercado donde la churn rate —tasa de abandono— alcanza el 15% mensual. Para cabeceras, la amenaza radica en la erosión de audiencias nicho; para inversores, en la volatilidad de valoraciones unicornio, con un 40% de quiebras en creator platforms en cinco años.
En síntesis, Substack redefine la monetización periodística, pero su éxito radica en nichos no saturados. Para un periodista español con salario medio de 1.500 euros mensuales, representa no solo una herramienta de ingresos complementarios, sino un catalizador para repensar la intermediación en un sector en transición hacia lo directo y personal.














