Bogotá, 20 de octubre de 2025. La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC) elevó su voz de alarma ante la escalada de tensiones comerciales con Estados Unidos, un socio clave que absorbe cerca del 30% de las exportaciones cafeteras del país. Germán Bahamón Jaramillo, gerente general de la FNC, enfatizó la gravedad de cualquier alteración en esta relación histórica, recordando que el café no es solo un producto de exportación, sino el sustento de 550.000 familias en 23 departamentos, desde las montañas de Antioquia hasta las fincas de Huila. «Durante décadas, EE.UU. ha sido, es y debe seguir siendo el principal mercado del Café de Colombia. Cualquier alteración en esa relación afecta directamente a miles de familias cafeteras que trabajan con esfuerzo y dignidad en nuestras montañas», declaró Bahamón, en un pronunciamiento que resuena en un momento de renovadas amenazas arancelarias por parte del Gobierno de Donald Trump.
Esta preocupación surge en el marco de un intercambio diplomático cada vez más tenso entre el presidente Gustavo Petro y su homólogo estadounidense. Trump ha invocado repetidamente la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) para justificar aranceles del 10% general a importaciones colombianas, con extensiones potenciales al 25% en productos agrícolas como el café, como represalia a desacuerdos en migración y narcotráfico. Aunque una orden ejecutiva de septiembre de 2025 eximió temporalmente bienes no producidos en EE.UU. –incluyendo el café tostado y verde–, recientes declaraciones de Trump sobre «países que no cooperan» han reavivado temores de un endurecimiento. Bahamón, en su intervención, abogó por una «diplomacia comercial» de doble vía: «El respeto debe ser mutuo, y las diferencias deben resolverse con prudencia, ponderación y diálogo, no con medidas unilaterales que golpean a los más vulnerables».
El llamado del gerente de la FNC no es aislado; se suma a un coro de gremios exportadores que, desde abril de 2025, han manifestado «legítima preocupación» por el impacto de estos aranceles, que ya provocaron una caída del 3% en las exportaciones cafeteras en septiembre. La FNC, que representa a 520.000 productores y administra un fondo de estabilización con más de 2 billones de pesos, ve en esta coyuntura un riesgo existencial para un sector que genera 1,5 billones de dólares anuales en divisas y contribuye al 5% del PIB agropecuario nacional.
Contexto de la tensión comercial: De la exención temporal a la amenaza inminente
La relación comercial entre Colombia y EE.UU. se rige por el Tratado de Libre Comercio (TLC) vigente desde 2012, que eliminó aranceles para el 99% de los productos agrícolas, incluyendo el café, principal exportación no petrolera del país con un valor de 3.400 millones de dólares en 2024. Sin embargo, la excepción de seguridad nacional del Capítulo 22 del TLC permite a Washington imponer medidas temporales sin violar el acuerdo, como el arancel del 10% aplicado en abril de 2025 a bienes de Colombia por «desequilibrios comerciales y flujos migratorios». Trump justificó esto como respuesta a la «falta de cooperación» en temas de frontera, pero analistas como los de Fedesarrollo estiman que podría escalar al 25% si se vincula al narcotráfico, suspendiendo efectivamente las preferencias arancelarias.
Petro, en un tuit del 20 de octubre, declaró el TLC «suspendido de facto» por estos gravámenes, proponiendo una revisión soberana y diversificación hacia China y la UE. Esta postura ha polarizado el debate: mientras el Gobierno la enmarca en defensa nacional, gremios como la FNC y la Cámara Colombo Americana (AmCham) advierten de un «efecto dominó» que podría costar 5.000 millones de dólares en exportaciones totales y 5 millones de empleos indirectos. Bahamón, con 25 años en el sector, reiteró: «No podemos olvidar que detrás de un arancel hay familias que dependen de la estabilidad de este mercado».
El pulso del mercado cafetalero: Crecimiento vulnerable ante la incertidumbre
A pesar de las sombras comerciales, el sector cafetero muestra signos de robustez. Entre enero y agosto de 2025, la movilización en el mercado doméstico contenerizado alcanzó 32.905 TEU (unidades equivalentes a contenedores de 20 pies), un incremento del 17,3% respecto al mismo período de 2024. Las exportaciones propiamente dichas sumaron 30.643 TEU, con un crecimiento interanual del 16,1%, impulsado por precios internacionales que superaron los 2,50 dólares por libra –el nivel más alto en cuatro años– gracias a sequías en Brasil y Vietnam.
Estos números reflejan la resiliencia de un cultivo que ocupa 900.000 hectáreas y genera ingresos para 1,2 millones de personas directamente vinculadas. EE.UU., con un consumo anual de 1,2 millones de sacos colombianos (equivalente al 25% de las exportaciones totales), es el destino prioritario por su proximidad logística –solo 3 días de tránsito marítimo– y demanda estable en cadenas como Starbucks y Dunkin’. Una triangulación de café brasileño o ecuatoriano, facilitada por aranceles desiguales, ya inunda el mercado colombiano con 20.000 toneladas extras en septiembre, amenazando precios internos y la reputación del grano suave colombiano. Bahamón advirtió: «Las diferencias arancelarias podrían abrir la puerta a la triangulación, donde café de otros países entre a Colombia para llegar a EE.UU. disfrazado».
La FNC, con su Fondo de Estabilización del Precio del Café que ha inyectado 500.000 millones de pesos en 2025 para amortiguar volatilidades, urge diversificación: China absorbió un 15% más de envíos en el semestre, pero su mercado es volátil y exige certificaciones fitosanitarias estrictas. Europa, con el 40% de las exportaciones, enfrenta presiones por sostenibilidad bajo la Directiva Verde, pero ofrece precios premium por café orgánico.
Diplomacia comercial: El llamado a la prudencia en un tablero geopolítico tenso
Bahamón insistió en la «diplomacia comercial» como antídoto: «El respeto debe ser de doble vía, resolviendo diferencias con ponderación y diálogo, no con medidas que golpean a productores dignos». Esta posición ecoa la de otros gremios, como AUGURA para banano, que también clama por canales formales en lugar de «diplomacia de Twitter». La Cancillería colombiana, en respuesta, anunció una delegación a Washington el 22 de octubre para invocar consultas del Capítulo 21 del TLC, buscando exenciones permanentes bajo la OMC.
El riesgo es tangible: un arancel del 25% podría reducir exportaciones en 15%, equivalentes a 500 millones de dólares y 50.000 jornales perdidos, según proyecciones de la Universidad de los Andes. En un país donde el café es sinónimo de identidad cultural –desde el «Paseo del Café» en Bogotá hasta las fincas patrimonio en Quindío–, esta incertidumbre no es solo económica: es social. Bahamón concluyó: «Protejamos lo que hemos construido con décadas de esfuerzo, por el bien de nuestras montañas y sus guardianes».














