Bogotá, 8 de octubre de 2025. Un contenedor cargado de carne de pollo fresca, directo de las granjas colombianas, ha cruzado el Pacífico para llegar a las costas de Japón. No es un envío cualquiera. Es el primero en su historia. Las autoridades sanitarias niponas lo han recibido con aprobación total. Un logro que resuena en el sector avícola como un grito de victoria, después de años de esfuerzo incansable.
Este paso no llega por casualidad. Marca un hito en la internacionalización de la avicultura colombiana. Resultado de una alianza sólida entre el sector privado y las entidades públicas. Desde 2015, cuando Japón reconoció la equivalencia de las normas sanitarias del país, el camino ha sido largo. Pero ahora, ese contenedor de Cargill Food Latinoamérica –a través de Pollos El Bucanero S.A.– inicia una presencia en uno de los mercados más rigurosos del mundo. Calidad, trazabilidad y estándares impecables: eso es lo que viaja en cada pieza.
El fruto de un trabajo en equipo
Detrás de este debut hay nombres y rostros que han tejido el éxito. Fenavi, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) han unido fuerzas durante una década. Protocolos negociados, certificados sanitarios aprobados, auditorías que no dan tregua. Todo para demostrar que el pollo colombiano no solo alimenta a millones en casa, sino que está listo para el escrutinio global.
Gonzalo Moreno, presidente de Fenavi, lo resume con claridad: «Este es un aval contundente a la forma cómo producimos proteínas de calidad en Colombia: con rigurosidad, compromiso y responsabilidad. El ingreso al mercado japonés es una señal clara de confianza en nuestro sistema productivo y abre nuevas oportunidades para la avicultura colombiana».
Paula Andrea Cepeda, gerente general del ICA, añade un matiz de esperanza: «Desde el instituto se trabaja en mantener la confianza con los mercados internacionales. En el caso de Japón, esta primera exportación marca el inicio de unas relaciones comerciales con este país que se caracteriza por tener un estándar estricto en la admisibilidad de los productos que ingresan a este mercado». Y no para ahí. El ICA ha habilitado ya envíos a Cuba, México, Perú, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Bahamas y Namibia. Pollo y huevos colombianos que circulan por el mundo, pedazo a pedazo.
Francisco Rossi, director general del Invima, enfatiza el rol de la vigilancia: «Este logro demuestra la confianza de las autoridades sanitarias de terceros países en el sistema de inspección, vigilancia y control de Colombia. El Invima seguirá trabajando articuladamente para contar con mayores oportunidades para los productores y exportadores de pollo del país». Hoy, siete plantas colombianas están autorizadas para exportar a Japón. Carne aviar y subproductos listos para consumo humano. Y el horizonte se amplía: gestiones en marcha con China, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Hong Kong a corto plazo. Estados Unidos, en el mediano.
Un mercado que no perdona errores
Japón no es un destino fácil. Sexto importador mundial de pollo, con 1.142 millones de toneladas en 2024. Un gigante que exige inocuidad absoluta. Este primer envío no solo vende kilos; construye reputación. Fortalece la credibilidad del producto colombiano en el comercio global de alimentos. Para los productores, significa estabilidad: más empleos en regiones como el Valle del Cauca o Antioquia, donde las granjas son el corazón de comunidades enteras.
Sin embargo, el camino no ha sido un paseo. Inversiones en tecnología, capacitaciones exhaustivas, noches de preocupación por inspecciones. Pero el resultado habla solo. Colombia se posiciona como actor confiable en Asia. Un proveedor que cumple, que innova, que expande.
Hacia un futuro de expansiones
Fenavi no escatima en reconocimientos. «Queremos reconocer de manera especial al ICA y al Invima, cuya labor ha sido determinante para garantizar que el pollo colombiano cumpla con los más estrictos estándares internacionales. Su rigor técnico y acompañamiento consolidan la imagen de Colombia como un país con una institucionalidad sanitaria sólida y confiable, y reflejan el valor de la cooperación público-privada en la apertura de nuevos mercados», concluye Moreno.
Este debut es solo el principio. Los exportadores colombianos miran al frente, listos para multiplicar envíos. Oportunidades que ratifican el compromiso del sector con la calidad y la inocuidad. En un mundo donde los alimentos son clave para la economía, Colombia responde con hechos. No con promesas. Un pollo que viaja lejos, pero que lleva el sabor de casa. ¿El próximo destino? Solo el tiempo –y el esfuerzo– lo dirá.














