Bogotá, 30 de septiembre de 2025 – En un respiro para millones de colombianos endeudados, la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC) ha certificado la tasa de usura en 24,36% efectivo anual para octubre, marcando una reducción de 0,65 puntos porcentuales respecto al 25,01% de septiembre.
Esta medida, que establece el techo legal de intereses para créditos de consumo y ordinarios, refleja la tendencia descendente de las tasas de referencia en un contexto de desinflación y mayor liquidez en el sistema financiero. Pero, ¿es este ajuste un mero trámite o un catalizador para el consumo interno?
El mecanismo de la Usura
La tasa de usura, según lo estipulado en el artículo 305 del Código Penal y el 884 del Código de Comercio, no es un capricho regulatorio, sino un escudo contra la explotación financiera. Se calcula como 1,5 veces el Interés Bancario Corriente (IBC), certificado mensualmente por la SFC con base en datos semanales de los establecimientos de crédito. Para octubre, el IBC se fijó en 16,24% efectivo anual, una caída de 0,43 puntos porcentuales desde el 16,67% de septiembre, lo que arrastró a la baja el límite usurero.
El comunicado de la SFC también detalla límites para modalidades productivas, esenciales para el tejido empresarial colombiano. El crédito productivo de mayor monto –pensado para grandes inversiones– tendrá un tope del 40,58%; el rural, del 25,85%, incentivando la agricultura en regiones olvidadas; el urbano, del 56,1%; y los créditos populares productivos rurales y urbanos, en 74,1% y 89,4%, respectivamente. Estos techos, más flexibles que el de consumo, buscan equilibrar protección con acceso al financiamiento para microempresas, un sector que representa el 80% del empleo en el país según el DANE.
Impactos inmediatos: Oportunidades y desafíos para el mercado crediticio
Esta rebaja llega en un momento pivotal. Con la inflación anual en 5,2% al cierre de agosto –la más baja en tres años, per datos del Dane– y un PIB que creció 2,1% en el segundo trimestre, el alivio en las tasas podría reactivar el consumo privado, que aún languidece un 1,5% por debajo de niveles pre-pandemia. Para un hogar promedio con un préstamo de consumo de 10 millones de pesos, esta reducción podría ahorrar hasta 65.000 pesos anuales en intereses, según estimaciones preliminares de la Asociación Bancaria de Colombia.
Sin embargo, no todo es color de rosa. Bancos y fintechs, presionados por márgenes más estrechos, podrían endurecer criterios de aprobación, excluyendo a segmentos vulnerables. En conversaciones con ejecutivos de entidades como Bancolombia y Davivienda, prevén un aumento del 15% en solicitudes de refinanciación, pero advierten de un posible encarecimiento de seguros y comisiones para compensar. «Es un doble filo: beneficia al deudor solvente, pero podría marginar al de mayor riesgo», me comentó un analista de riesgos crediticios de un banco privado. En el ámbito productivo, los topes más bajos para el rural (25,85%) son un guiño a la agenda de desarrollo sostenible del gobierno Petro, que ha inyectado 2 billones de pesos en subsidios agrícolas este año. No obstante, con el cambio climático azotando cosechas –pérdidas estimadas en 500 millones de dólares por La Niña en 2024–, estos créditos deben fluir rápido para evitar quiebras en el campo.
¿Hacia una desaceleración suave o un frenazo?
Esta evolución de la usura no ocurre en el vacío. El Banco de la República, en su último informe de política monetaria, proyecta una convergencia gradual de la inflación al 3% meta para 2026, gracias a la apreciación del peso (que ganó 5% frente al dólar en septiembre) y la contención fiscal. La cancelación reciente de la Línea de Crédito Flexible con el FMI, con reservas en 65,5 mil millones de dólares, refuerza esta narrativa de fortaleza: Colombia ya no depende de parches externos para navegar volatilidades.
Comparativamente, la tasa de octubre (24,36%) es la más baja desde febrero de 2023 (24,9%), cuando el IBC era 16,61%. En 2025, hemos visto una trayectoria descendente: de 26,30% en febrero a 25,01% en septiembre, impulsada por recortes de 25 puntos básicos en la tasa interventora desde enero. Esto contrasta con vecinos como Perú (usura en 28%) o México (sin límite fijo, pero con tasas promedio del 30%), posicionando a Colombia como un mercado más accesible para el crédito al consumidor. Aún así, persisten sombras. El endeudamiento de los hogares roza el 60% del ingreso disponible, per el Emisor, y la morosidad en consumo subió a 3,8% en agosto.
Mirando al futuro: ¿Más alivio en el horizonte?
La SFC enfatiza que estas certificaciones son dinámicas, sujetas a datos semanales, y anima a los usuarios a verificar mensualmente en su portal. Para octubre, la vigencia es del 1 al 31, pero noviembre podría traer más buenas nuevas si el IBC sigue a la baja.
En última instancia, esta tasa de 24,36% no es solo un número; es un pulso de la economía colombiana, que late con esperanza en medio de incertidumbres globales. Para deudores, emprendedores y policymakers, el mensaje es claro: aproveche el alivio, pero endeúdese con cabeza. ¿Veremos un repunte en el consumo que impulse el PIB al 2,5% proyectado? Solo el tiempo –y los datos de noviembre– lo dirán.














