Washington, 22 de septiembre de 2025 – En una declaración que ha desatado un torbellino en Wall Street y en la industria farmacéutica, el presidente Donald Trump afirmó que su administración vincula el acetaminofén –el ingrediente activo del Tylenol– con el autismo, instando a las mujeres embarazadas a evitarlo en gran medida, salvo por necesidad médica absoluta. Pronunciadas el lunes en la Casa Blanca junto a Robert F. Kennedy Jr., su controvertido secretario de Salud, estas palabras no solo reavivan polémicas científicas, sino que amenazan con desencadenar una crisis económica en un sector ya asediado por regulaciones y demandas judiciales. Con un mercado global de acetaminofén valorado en unos US$10.400 millones en 2024, este pronunciamiento podría evaporar miles de millones en ventas y abrir la puerta a litigios masivos, evocando el caos generado por advertencias pasadas sobre opioides o talco.
Trump, fiel a su estilo directo, no escatimó en claridad: “Tomar Tylenol no es bueno, lo digo claramente, no es bueno. Por esta razón, recomiendan encarecidamente que las mujeres limiten el uso de Tylenol durante el embarazo, a menos que sea médicamente necesario”. Estas afirmaciones, emitidas ante un público de simpatizantes y expertos en salud, se alinean con la agenda escéptica de Kennedy, quien ha promovido revisiones exhaustivas de medicamentos “sobreutilizados”. En un país donde el Tylenol genera miles de millones anuales para Johnson & Johnson (J&J), este ultimátum presidencial podría transformar hábitos de consumo, presionar precios y alterar el equilibrio de la salud pública, con costos indirectos que analistas calculan en decenas de miles de millones si se confirma un nexo causal.
La ciencia en el centro de la polémica
El corazón de la declaración trumpiana se apoya en una acumulación creciente –aunque debatida– de evidencia científica. Estudios recientes, como uno de la Escuela de Salud Pública de Harvard publicado en agosto de 2025, sugieren que la exposición prenatal al acetaminofén podría aumentar el riesgo de autismo y TDAH en un 20-30% en los hijos. Otro de Mount Sinai refuerza esta asociación, alertando que más del 50% de las embarazadas en EE.UU. usan el fármaco para dolores comunes. La FDA, en respuesta inmediata esta semana, ha iniciado procesos para actualizar etiquetas de advertencia en productos como Tylenol, reconociendo “evidencia posible” de riesgos neurodesarrollales.
Sin embargo, el consenso no es unánime. Investigaciones de 2024 en JAMA no encontraron nexos causales en análisis con controles de hermanos, atribuyendo las asociaciones a factores genéticos o confusores como el estrés materno. La Sociedad de Medicina Materno-Fetal (SMFM) sostiene que el acetaminofén sigue siendo “apropiado” para fiebre o dolor, urgiendo a no suspenderlo sin consulta médica. Críticos como el doctor David Mandell de la Universidad de Pensilvania lo llaman “ciencia en evolución”, pero advierten que declaraciones presidenciales podrían generar pánico innecesario, similar al revuelo por vacunas y autismo durante la primera administración Trump.
Desde una perspectiva económica, esta dualidad es un polvorín. El acetaminofén, un analgésico de venta libre con un mercado global proyectado en US$16.600 millones para 2034, depende de su perfil de seguridad para dominar las farmacias. Una advertencia oficial podría reducir su uso en un 15-20%, según modelos de Zion Market Research, impactando no solo ventas directas sino cadenas de suministro en Asia y Europa.
Pánico en Wall Street: J&J pierde US$15.000 millones en un día
El impacto fue inmediato y devastador. Las acciones de Johnson & Johnson cayeron un 8% el martes, borrando US$15.000 millones en capitalización bursátil y arrastrando al sector farmacéutico, con el índice NYSE Arca Pharma descendiendo un 3,2%. Tylenol, pilar del portafolio de consumo de J&J –que generó unos US$1.200 millones en ventas OTC en 2024 dentro de los US$88.821 millones totales de la compañía–, enfrenta ahora un escrutinio que recuerda el escándalo de los opioides, donde J&J pagó US$26.000 millones en acuerdos.
Analistas de Barclays y Goldman Sachs rebajaron calificaciones, citando riesgos de litigios masivos. “Si se materializa una clase de demandas por autismo –con tasas de prevalencia en 1 de 36 niños–, los pasivos podrían superar los US$50.000 millones”, estima un informe de arXiv sobre eventos de salud en pharma. Precedentes como la advertencia de Vioxx en 2004, que hundió a Merck un 30%, ilustran el patrón: caídas iniciales del 5-10%, seguidas de volatilidad si la ciencia se polariza. Kennedy, con su historial activista, podría acelerar revisiones regulatorias, elevando potencialmente costos de cumplimiento en US$2.000-3.000 millones anuales para gigantes como Pfizer y GSK, competidores en analgésicos.
Salud pública vs. crecimiento económico
Más allá de las bolsas, el edicto de Trump toca fibras profundas de la economía sanitaria. El autismo cuesta a EE.UU. US$268.000 millones al año en servicios y productividad perdida, según el CDC. Si el acetaminofén contribuye marginalmente, una reducción en su uso podría ahorrar miles de millones en intervenciones tempranas, pero a expensas de dolores no tratados en embarazos –un riesgo que Yale estima en complicaciones fetales por fiebre no controlada.
En un panorama macro, el sector pharma –que representa el 8% del PIB estadounidense– ya lidia con inflación de precios y tarifas propuestas por Trump 2.0. Esta advertencia podría frenar el crecimiento proyectado del 4,5% anual del mercado de acetaminofén hasta 2033, desviando demanda a alternativas como ibuprofeno, pero saturando un mercado ya tenso.














