Bogotá, 12 de septiembre de 2025 – Un estudio de Compartamos con Colombia, consultora social sin ánimo de lucro, expone una realidad crítica: el 53% de las organizaciones sociales en el país no tiene reservas para operar más de tres meses, con el 35% limitado a un mes de sostenibilidad y el 47% de las organizaciones de base comunitaria en una situación aún más precaria.
Este panorama, agravado por la dependencia de fuentes únicas de ingresos y la falta de planificación estratégica, pone en riesgo el impacto de un sector que beneficia al 20% de la población vulnerable, según estimaciones del DANE. En contraste, las fundaciones empresariales y familiares, con capital patrimonial y alianzas estratégicas, garantizan mayor estabilidad, revelando una brecha que urge cerrar para fortalecer la sostenibilidad y el impacto social en Colombia.
Vulnerabilidad extrema: Una realidad preocupante
El informe destaca que la mitad de las organizaciones de base comunitaria y de la sociedad civil dependen de una sola fuente de financiamiento, y el 57% obtiene recursos de la venta de productos o servicios básicos sin asesoría técnica para optimizar sus modelos. Esta precariedad se agrava por la ausencia de planificación: una de cada cinco organizaciones carece de un plan estratégico, y un tercio lo revisa esporádicamente, lo que las obliga a operar de forma reactiva. En un país donde el sector social moviliza $2 billones anuales, según Colombia ONG, esta fragilidad pone en riesgo la continuidad de programas que abordan pobreza, educación y salud en comunidades marginadas.
“Este estudio nos permite entender mejor las dinámicas del sector social en Colombia. Los hallazgos son preocupantes porque muestran que muchas organizaciones están en riesgo de desaparecer, pero al mismo tiempo nos dan una hoja de ruta para fortalecerlas y potenciar su impacto en las comunidades”, afirmó Nicolás Salcedo, director ejecutivo de Compartamos con Colombia. La consultora, que desde 2003 ha acompañado a más de 300 organizaciones, subraya la necesidad de alianzas estratégicas y transferencia de capacidades para revertir esta tendencia.
Medición de impacto: Un talón de Aquiles
La falta de procesos consolidados también limita la capacidad de las organizaciones para demostrar resultados. Solo el 70% realiza seguimiento a sus proyectos, y más de la mitad lo hace sin indicadores claros. Alarmantemente, un tercio nunca ha medido su impacto, y el 10% no registra siquiera el número de beneficiarios. Esta debilidad no solo dificulta la atracción de nuevos recursos, sino que reduce la transparencia, un factor crítico en un sector donde el 60% de los donantes priorizan la evidencia de impacto, según un estudio de la Universidad de los Andes.
Por contraste, las fundaciones empresariales y familiares, como las vinculadas a grupos como Bancolombia o Sura, han adoptado métricas robustas y alianzas de coinversión que amplían su alcance. Por ejemplo, el 75% de estas fundaciones cuentan con acuerdos plurianuales que garantizan al menos seis meses de operación, permitiéndoles llegar a territorios remotos como Chocó o La Guajira, donde las organizaciones comunitarias enfrentan mayores retos logísticos.
Alianzas estratégicas: La clave para la resiliencia
El estudio identifica las alianzas como un factor determinante para la sostenibilidad. Mientras el 83% de las organizaciones de base comunitaria se limita a vínculos transaccionales –apoyos puntuales que se agotan al finalizar un proyecto–, las fundaciones empresariales han consolidado acuerdos de coejecución que potencian cobertura y continuidad. Estas alianzas han permitido, por ejemplo, programas de educación rural que benefician a 50.000 niños anuales, según el Ministerio de Educación.
“Que más de la mitad de las organizaciones sociales esté en riesgo no debe leerse solo como una amenaza, sino como una oportunidad para construir resiliencia. Esta es también una invitación al sector privado a reconocer su papel como aliado estratégico”, afirmó Salcedo. La complementariedad entre la lógica corporativa y la comunitaria es clave: mientras las fundaciones aportan capital y experiencia, las organizaciones locales ofrecen conocimiento territorial, creando un impacto colectivo mayor.
Una hoja de ruta para el futuro
El informe de Compartamos con Colombia no solo expone la fragilidad del sector social, sino que propone soluciones: fortalecer la planificación estratégica, implementar indicadores de impacto y fomentar alianzas de largo plazo. Como periodista con dos décadas cubriendo el desarrollo social, veo en estos hallazgos una oportunidad para que el sector privado y el gobierno refuercen su apoyo a las organizaciones comunitarias, que son el corazón de la transformación social en regiones como Urabá o el Pacífico.
La sostenibilidad del sector social no solo garantiza la continuidad de programas esenciales, sino que impulsa el crecimiento económico inclusivo en un país donde el 60% de las organizaciones sociales operan en zonas rurales. Con un enfoque en la resiliencia y la colaboración, Colombia puede convertir esta crisis en una oportunidad para un impacto colectivo duradero.














