Coltejer, la icónica textil colombiana que por más de un siglo fue sinónimo de la industria en Antioquia, ha dado un giro radical a su estrategia de negocio. Luego de reportar pérdidas superiores a los $57.000 millones en sus estados financieros más recientes, la empresa ha decidido dejar atrás su legado textil para incursionar en el sector inmobiliario. Este cambio, que llega tras años de dificultades económicas y una drástica reducción de su operación, busca aprovechar los activos y terrenos de la compañía como una tabla de salvación para garantizar su sostenibilidad en 2025 y más allá.
El descenso de Coltejer no es reciente. La compañía, fundada en 1907 por Alejandro Echavarría, cerró 2022 con apenas cinco empleados tras la discontinuidad de sus líneas tradicionales de confección y productos para el hogar. Aunque dos trabajadores fueron reintegrados por orden judicial, la estructura actual es mínima: un equipo administrativo reducido y un coordinador inmobiliario que refleja la nueva dirección de una empresa que alguna vez empleó a millas. Este giro estratégico se centra en la venta y desarrollo de sus propiedades, un movimiento que, según el balance corporativo, complementará otras iniciativas para fortalecer su posición financiera y superar un pasado marcado por números rojos.
El anuncio coincide con un momento clave en su estructura accionaria. La Superintendencia Financiera de Colombia recibió una solicitud de Oferta Pública de Adquisición (OPA) por hasta un 3,67% de las acciones en circulación, enfocada en accionistas ausentes o disidentes tras la decisión de retirar a Coltejer de la Bolsa de Valores de Colombia (BVC), aprobada en diciembre de 2024. Con un precio de $1.812 por acción, la operación —impulsada por el mexicano Grupo MCM Colombia, filial del Kaltex— busca consolidar el control de los principales socios: Kaltex Latinoamérica SAS (47,49%), Grupo MCM Colombia (24%) y Kaltex America Investments Inc. (12,77%). Sin embargo, el 97,95% de los 25.011 accionistas son minoritarios, un grupo que ahora enfrenta la disyuntiva de vender o permanecer en una compañía en plena metamorfosis.
Este cambio de rumbo no está exento de retos. Coltejer arrastra obligaciones tributarias pendientes y opera en un contexto de inflación y competencia feroz en el sector inmobiliario, un mercado prometedor pero saturado en ciudades como Medellín, donde históricamente tuvo su corazón operativo. La venta de terrenos, como los de su antigua planta en Itagüí, cerrada en 2020, y el traslado de operaciones al Oriente antioqueño son piezas clave de esta apuesta. “El desarrollo urbano nos ganará y empujará hacia Rionegro”, anticipaba hace una década Rafael Kalach, líder de Kaltex y máximo accionista, una predicción que hoy parece materializarse.
Para los analistas, este giro refleja tanto una necesidad como una oportunidad. La industria textil colombiana ha perdido terreno frente a importaciones baratas y competidores globales, dejando a Coltejer sin capacidad para sostener su modelo original. Sin embargo, su vasto portafolio de activos inmobiliarios podría ser las salvavidas que la empresa necesita. Mientras la OPA se concreta —con un período de aceptación del 31 de marzo al 11 de abril de 2025— y la Superintendencia de Sociedades asume su vigilancia tras la salida de la BVC, Coltejer se juega su futuro en un mercado desconocido, dejando atrás las máquinas de tejer para apostar por el cemento y el ladrillo.














