Advertisement

Inclusión financiera engaña: 96% tiene cuenta, pero un tercio no la usa ni la entiende

Foto: Cortesía. ANIF, atribuye este desempeño "sui generis" a la articulación público-privada, que genera confianza para grandes proyectos de inversión.

BOGOTÁ, 10 de juio de 2026. El debate sobre la verdadera eficacia de la bancarización en el país dio un giro analítico profundo hacia la calidad del consumo fiduciario. La Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) reveló los resultados de su más reciente informe sobre las dinámicas de inserción al sistema bancario formal. Las conclusiones del centro de pensamiento determinan que, si bien las metas de apertura de portafolios muestran coberturas casi universales, la falta de educación y el desuso de los instrumentos vigentes neutralizan el impacto positivo de la inclusión en la economía popular.

Alta bancarización frente al estancamiento del uso real

La penetración de los portafolios transaccionales en la población adulta alcanzó un hito histórico de cobertura masiva. Por consiguiente, Anif reportó que el 96,3% de los adultos en Colombia contaba con al menos un producto financiero formal al cierre de 2024.

Sin embargo, el reporte arrojó que un tercio de los usuarios que poseen una cuenta de ahorros no la utilizan de forma efectiva. Asimismo, el núcleo de la problemática radica en que aquellos ciudadanos que sí mueven sus recursos no saben cómo hacerlo ni conocen la manera de aprovechar los beneficios asociados a sus portafolios. Por lo tanto, el centro de pensamiento enfatizó que el acceso por sí solo no puede incidir de forma positiva en la vida financiera. Para garantizar que las herramientas resuelvan problemas reales de liquidez, es estrictamente necesario un uso efectivo e informado.

Las profundas asimetrías en el acceso al crédito

Por otra parte, la colocación de recursos de apalancamiento y líneas de crédito exhibe una brecha estructural de grandes proporciones. El informe técnico señala que la cobertura crediticia para las personas naturales apenas llega al 35%.

Esta contracción es aún más evidente cuando se analiza el ecosistema corporativo, donde el acceso global a financiamiento se ubica en el 26,7%. Al desagregar este indicador por el tamaño de las compañías, se observan asimetrías críticas: las grandes empresas disfrutan de una cobertura del 82,1%, mientras que las microempresas del país quedan rezagadas con una participación de tan solo el 15,3%. Esta marcada diferencia limita la capacidad operativa de las microempresas para absorber choques macroeconómicos o realizar inversiones tecnológicas de capital.

El cambio de paradigma: De la inclusión a la salud financiera

Para solucionar esta distorsión de mercado, el gremio propone superar la tradicional medición métrica basada únicamente en la tenencia de plásticos o cuentas digitales. El objetivo actual debe orientarse hacia la medición de impactos tangibles en el bienestar diario de las personas y los sectores productivos.

Por consiguiente, el reporte adopta la tesis metodológica de la organización internacional BFA Global. Bajo este precepto, una persona posee una verdadera salud financiera cuando es capaz de administrar sus finanzas para cubrir los gastos cotidianos, aprovechar oportunidades de progreso, resistir choques económicos mediante la resiliencia y sentirse segura de su situación fiduciaria, conservando en todo momento el control de sus decisiones individuales. En conclusión, el reporte de inclusión y salud financiera de Anif sentencia que el éxito regulatorio no radica en acumular contratos bancarios firmados, sino en materializar su uso cotidiano como un beneficio real para la base de la pirámide social.