
Foto: AFP
El País (España). El viaje oficial de Vladímir Putin a Cuba, primera escala de una gira por Argentina y Brasil que comienza esta semana, apuntala el progresivo acercamiento entre Moscú y La Habana, y reedita el papel de la isla como punta de lanza en América Latina. El presidente ruso no desconoce que desde la creación del Foro de São Paulo, en 1990, Cuba estrechó relaciones con una izquierda que hoy gobierna en países comercialmente apetecidos por el Kremlin. Estados Unidos observa con lupa y recelo los nuevos movimientos geopolíticos.
Putin se entrevistará con Raúl Castro y su hermano Fidel, protagonistas del período de Guerra Fría en que la isla comunista fue pieza clave del ajedrez estratégico y armamentístico entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En octubre de 1962, el descubrimiento de bases de misiles nucleares soviéticos en territorio cubano estuvo a punto de desencadenar una nueva guerra mundial. Fidel Castro nunca perdonó el acuerdo, a sus espaldas, de John F. Kennedy (1917-1963) y Nikita Kruchov (1894-1971): retirar los misiles a cambio del compromiso norteamericano de no invadir la isla y de sacar sus misiles de Turquía.
Moscú invertirá 3.000 millones en la nueva zona franca cubana de Mariel
El presidente ruso llega a la isla mientras gestiona el más grave enfrentamiento de la posguerra de bloques, el sostenido con Washington y sus aliados europeos por el control de Ucrania. La intervención de la diplomacia norteamericana en el patio trasero de Rusia parece emparejarse con la gradual penetración de Moscú en la trastienda de Estados Unidos, en la América Latina gobernada por la izquierda y, concretamente, en Cuba, a 145 kilómetros de las costas de Florida. Putin aterriza en La Habana con otro guiño, después de haber condonado el 90% de la deuda contraída por Cuba durante sus casi tres decenios de dependencia de Moscú, en torno a los 26.000 millones de euros. El desmoronamiento de la URSS en 1991 llevó al derrumbe económico de la mayor de las Antillas, cuyo PIB cayó más de un 30%.
Moscú cerró sus instalaciones militares en la isla, incluido el centro de radares de Lourdes, por cuyo funcionamiento pagaba una renta anual cercana a los 200 millones de euros. “Con lo que pagábamos podemos comprar 20 satélites y adquirir 100 estaciones de radares para el Ejército, declaró en su día el jefe del estado mayor uso, general Anatoly Kvasshin. Sin repuestos, ni fondos para conseguirlos, parte del arsenal cubano de fabricación soviética quedó anticuado, obsoleto.
Las relaciones bilaterales se mantuvieron bajo mínimos hasta la actual recuperación de los lazos bilaterales, apenas ideologizada, utilitaria. A partir del año 2005, el acercamiento entre los dos países ha sido sostenido y abarca todos los ámbitos, incluido el militar. Los temas más secretos serán tratados por el coronel Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, responsable de la Comisión de Defensa, y por Nikolai Patrushov, director del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, excompañero de Putin en la KGB, la agencia de espionaje de la URSS entre 1954 y 1991.













Leave a Reply