Daniel Ruiz Carrascal, coordinador del Siata, explica cómo avanza el fenómeno del Niño, sus categorías de severidad y el impacto en el Valle de Aburrá.
Medellín, 16 de junio de 2026. El panorama climático para las regiones de Colombia empieza a registrar transformaciones estructurales de cara al cierre del año. Daniel Ruiz Carrascal, coordinador general del proyecto Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá (Siata) —iniciativa estratégica del Área Metropolitana del Valle de Aburrá—, detalló el estado de maduración en el que se encuentra el fenómeno del Niño. Este evento de variabilidad climática global consiste en un calentamiento inusual de las porciones central y oriental del Océano Pacífico tropical, alterando los patrones meteorológicos tradicionales.
De acuerdo con el experto técnico, la intensidad de este fenómeno permite clasificarlo en cuatro categorías de severidad: débil, moderado, fuerte y muy fuerte. Al respecto, Ruiz Carrascal señaló: «Al momento, lo que esperábamos para finales del presente año es que tengamos altas probabilidades de que ocurra en una de las siguientes tres categorías entre moderado, fuerte o muy fuerte». Las proyecciones de los modelos científicos indican que el máximo calentamiento inusual en las aguas del Pacífico se consolidará formalmente durante el trimestre comprendido entre noviembre, diciembre y enero del año siguiente.
¿Cuáles serán los principales impactos del Niño en la región andina?
Aunque la maduración del calentamiento ocurre de forma estricta en el Océano Pacífico tropical, los impactos ambientales y socioeconómicos se sienten con un rezago temporal diferenciado según la geografía del país. En el territorio colombiano, las regiones de latitudes altas, como la Costa Caribe, suelen registrar las primeras alteraciones, seguidas por la región Andina y la Amazonía.
Para el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, los mayores efectos se materializarán con fuerza alrededor de los trimestres de diciembre-enero-febrero y marzo-abril-mayo. El coordinador del Siata explicó que el fenómeno genera tradicionalmente una notable disminución en los acumulados de lluvia del territorio metropolitano, un incremento drástico en las temperaturas máximas diarias y medias mensuales, y una reducción crítica en los caudales de los ríos, lo que podría golpear directamente sectores estratégicos como la generación de energía y el suministro de agua potable.
El mito de las lluvias actuales: ondas del este y termorregulación nocturna
Un fenómeno que genera confusión entre los empresarios, pymes y ciudadanos del común es la ocurrencia simultánea de jornadas con calor extremo y episodios de lluvias torrenciales en este periodo de junio. Ruiz Carrascal aclaró de forma contundente que estos aguaceros no guardan relación con el fenómeno del Niño. Se trata de la interacción de ondas tropicales, conocidas técnicamente como «ondas del este» o frentes tropicales, que transportan altos contenidos de humedad a la atmósfera y, al mezclarse con la alta energía disponible, desatan precipitaciones de alta intensidad.
De igual manera, el director técnico descifró las marcadas diferencias térmicas entre el día y la noche. Los días de calor sofocante seguidos de noches frías obedecen a la escasez de nubosidad: la alta radiación solar calienta la superficie de día, pero la ausencia de nubes en la noche permite que toda esa energía acumulada escape libremente hacia la atmósfera. Por el contrario, cuando las noches se sienten inusualmente calurosas, se debe a que una densa capa de nubes atrapa la radiación diurna, actuando como un techo térmico sobre el Valle de Aburrá.
El llamado al sector corporativo y ciudadano: planes de contingencia
Ante la inminencia del evento climático, el Siata formuló un llamado urgente a las comunidades y al sector empresarial para fortalecer la prevención y la educación bajo un modelo de información adecuada a través de los canales oficiales.
La principal acción de mitigación recomendada por la autoridad ambiental consiste en la implementación rigurosa y continua de los planes de ahorro y uso eficiente del agua. El cumplimiento de estas directrices de consumo responsable, por sí solo, garantizaría que el tejido social y corporativo de la región esté mejor preparado para afrontar el desabastecimiento potencial y tomar decisiones financieras estables de cara al próximo año.














