La intensificación de este ciclo climático natural, caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas en el Pacífico tropical
Estado Unidos -15 de mayo de 2026. El Centro de Predicción Climática de la NOAA ha emitido una actualización crítica que altera las proyecciones meteorológicas y económicas para el cierre de 2026. Según el organismo, el fenómeno de El Niño está emergiendo en el océano Pacífico con una celeridad superior a la prevista, aumentando sustancialmente las probabilidades de que se transforme en un «Súper El Niño» durante el otoño o el invierno del hemisferio norte.
La intensificación de este ciclo climático natural, caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas en el Pacífico tropical, tiene el potencial de reconfigurar los patrones de viento y precipitaciones a escala global, con repercusiones directas en la agricultura, la generación de energía y la gestión de desastres.
Probabilidades crecientes de una intensidad extrema
Las mediciones más recientes indican una probabilidad de 2 entre 3 (aproximadamente 66%) de que la intensidad máxima de este episodio de El Niño alcance niveles «fuertes» o «muy fuertes». Un «Súper El Niño» se define técnicamente cuando las temperaturas de la superficie del mar en la zona de monitoreo ecuatorial superan en más de 2 grados Celsius el promedio histórico.
Actualmente, aunque la temperatura media del agua se encuentra justo por debajo del umbral inicial de 0,5 grados, se espera que lo supere el próximo mes. Este cambio es significativo, dado que las actualizaciones previas estimaban condiciones neutrales hasta junio. El reservorio de agua cálida acumulado en las profundidades del Pacífico central y oriental sugiere que el fortalecimiento será progresivo durante el verano y el otoño, con un 96% de probabilidad de que el fenómeno persista hasta el invierno.
Implicaciones para la infraestructura y el mercado global
El impacto de un El Niño de esta magnitud no es uniforme y exige una planificación rigurosa por parte de los sectores profesionales e industriales:
- Riesgos hídricos y energéticos: La aparición de sequías prolongadas y olas de calor extremas en regiones clave amenaza el suministro de agua y la generación hidroeléctrica, aumentando simultáneamente el riesgo de incendios forestales.
- Alteración de la temporada de huracanes: Históricamente, El Niño tiende a inhibir la formación de ciclones en el Atlántico y el Caribe debido al aumento de la cizalladura del viento. No obstante, el efecto es inverso en el Pacífico central y oriental, donde se anticipa una temporada más activa que podría amenazar al suroeste de EE. UU. y Hawái.
- Volatilidad agrícola: El debilitamiento del monzón en India y el sudeste asiático, sumado a inviernos cálidos y secos en partes de Asia y el Caribe, podría presionar los precios de las materias primas agrícolas.
Un desafío adicional para el calentamiento global
Desde una perspectiva macroeconómica y ambiental, el factor más preocupante es el efecto sinérgico entre El Niño y el cambio climático antropogénico. Incluso antes de que este fenómeno se consolide, la NOAA considera «muy probable» que 2026 sea uno de los cinco años más calurosos registrados. La inyección de calor adicional de un El Niño fuerte podría posicionar a 2026 o 2027 como el año más cálido en la historia de la Tierra.
A pesar de que algunos modelos informáticos sugieren que este evento podría superar el récord del Súper El Niño de 2015-2016, los expertos mantienen una cautela técnica. Michelle L’Heureux, científica del CPC, advierte que la intensidad máxima dependerá de qué tan sincronizados se mantengan los cambios atmosféricos con las temperaturas oceánicas durante los próximos meses de verano.














