BOGOTÁ — 2 de abril de 2026. El pulso entre el Ministerio de Hacienda y el sector financiero escaló tras las declaraciones del presidente de Asobancaria, Jonathan Malagón. A contramano de lo sostenido por el ministro Germán Ávila, el dirigente gremial aseguró que el incremento en la Tasa de Política Monetaria (TPM) no representa un beneficio para la banca, sino que produce el efecto opuesto. A juzgar por las cifras de la Superintendencia Financiera citadas por Malagón, el encarecimiento del dinero ha disparado la morosidad y ha obligado a las entidades a elevar su gasto en provisiones, lo que se tradujo en una caída del 45% en las utilidades de los establecimientos de crédito al cierre de 2023 y pérdidas para 11 bancos en 2024.
Bajo este escenario, Malagón calificó como un «relato falso» la idea de que el sector se lucra con el endurecimiento de la política monetaria. De hecho, explicó que el aumento de la tasa de interés es el costo necesario que asume el país para anclar las expectativas de inflación y proteger el poder adquisitivo de la moneda.
El costo del fondeo y la contracción del crédito
La argumentación técnica de Asobancaria se centra en la mecánica financiera del Banco de la República. Para empezar, la TPM es el costo al que los bancos se fondean con el Emisor; por ende, un aumento de 200 puntos básicos frente al cierre de 2025 encarece directamente la operación de las entidades. Posteriormente, este fenómeno reduce la demanda de nuevos créditos por parte de hogares y empresas, lo que debilita el activo principal de la banca.
En este orden de ideas, los datos históricos respaldan la postura gremial:
- Ciclo alcista previo: Entre 2021 y 2023, la cartera se contrajo un 6,4% en términos reales.
- Indicador de mora: El índice de vencimiento subió del 3,7% al 5,0%, reflejando la dificultad de los deudores para cumplir con sus obligaciones.
- Cierre de balances: 23 establecimientos de crédito terminaron el año 2023 con pérdidas, la cifra más crítica desde la crisis del 2000.
Por consiguiente, lejos de ser un alivio, las tasas altas actúan como un freno de mano para la rentabilidad bancaria.
Defensa de la institucionalidad y el mandato del Emisor
Pese al impacto negativo en sus balances, el sector financiero cerró filas en torno a la independencia del Banco de la República. Cabe subrayar que Malagón defendió la decisión de la Junta Directiva de subir las tasas como una medida «acertada y necesaria» para cumplir con su mandato constitucional. Sin embargo, rechazó que se tergiverse esta decisión técnica para sugerir que la banca obtiene réditos extraordinarios a costa de la situación económica nacional.
En resumidas cuentas, el debate hoy gira sobre si el Gobierno está utilizando al sector financiero como un «chivo expiatorio» ante la impopularidad de las medidas de austeridad monetaria. Finalmente, la advertencia de los gremios es clara: una disputa política basada en premisas falsas solo deteriora la confianza y afecta el costo del crédito para todos los colombianos. De esta manera, se espera que el Ministerio de Hacienda retome el diálogo técnico para evitar una mayor incertidumbre en el mercado de capitales antes de que se radique la nueva reforma tributaria en julio.














