Bogotá, 15 de enero de 2026. La economía digital entra en 2026 con un nuevo protagonista: el centro de datos. Tras el auge de la Inteligencia Artificial Generativa, estas infraestructuras dejaron de ser simples soportes tecnológicos para convertirse en piezas estratégicas de la competitividad económica y de la estabilidad energética.
Empresas tecnológicas, industrias, gobiernos y proveedores de nube están rediseñando sus centros de datos para que operen de forma autónoma, generen su propia energía y reduzcan su impacto ambiental, en un contexto de alta demanda eléctrica y presión climática.
Esta transformación no es técnica ni lejana: impacta el precio de la energía, el empleo tecnológico y el costo final de los servicios digitales que usan millones de personas cada día.
El contexto: qué está pasando con los centros de datos
Durante años, los centros de datos funcionaron como bodegas digitales: alojaban información, aplicaciones y plataformas. Pero la explosión de la Inteligencia Artificial Generativa entre 2024 y 2025 cambió por completo esa lógica. Entrenar y operar modelos de lenguaje, visión artificial o sistemas autónomos exige miles de procesadores trabajando en paralelo, consumo eléctrico masivo, refrigeración constante y operación ininterrumpida.
A esta presión tecnológica se suma un problema estructural: la escasez y volatilidad energética. Muchas redes eléctricas no están diseñadas para alimentar centros de datos de alta densidad sin afectar hogares, comercios e industrias. El resultado es una carrera por rediseñar estas infraestructuras bajo tres ejes: automatización total, soberanía energética y sostenibilidad ambiental.
IA y centros de datos auto-gestionados
La nueva generación de Inteligencia Artificial ya no se limita a responder consultas. Ejecuta procesos completos, toma decisiones operativas y se adapta en tiempo real. En los centros de datos, esto se traduce en infraestructura autónoma.
Los sistemas de gestión incorporan modelos de IA capaces de predecir fallas antes de que ocurran, optimizar el consumo energético en milisegundos y redistribuir las cargas de trabajo según la disponibilidad de energía renovable. Así, la operación manual se vuelve obsoleta y la prioridad pasa a ser la resiliencia: la capacidad de seguir funcionando incluso durante picos de demanda, cortes eléctricos o eventos climáticos extremos.
Es un cambio similar al paso del vehículo manual al autónomo: el sistema no solo ejecuta órdenes, sino que decide cómo operar mejor, gastando menos energía y reduciendo riesgos.
Soberanía energética: cuando el centro de datos produce su propia energía
La escasez energética llevó a los operadores a buscar independencia de la red pública. En 2026, el centro de datos funciona como una micro-red activa: genera, almacena y distribuye su propia energía. Ya no es solo consumidor, sino también productor y estabilizador del sistema eléctrico local.
Las tecnologías clave son los sistemas de almacenamiento en baterías de larga duración (BESS), las celdas de combustible de hidrógeno verde y la integración con fuentes solares y eólicas. Estas soluciones permiten operar durante picos de demanda sin recurrir a combustibles fósiles y reducen de forma significativa la huella ambiental.
El objetivo también cambió. No basta con ser carbono neutral —compensar las emisiones—. La tendencia es avanzar hacia el carbono neto positivo: producir o habilitar más energía limpia de la que se consume. Así, el centro de datos deja de ser un problema ambiental y se convierte en un activo para las comunidades cercanas.
Refrigeración líquida como estándar híbrido
Las densidades de los racks superan ya los 50 kW para soportar el entrenamiento de modelos de lenguaje de gran escala. En ese escenario, la refrigeración por aire pierde eficiencia. Por eso crecen las tecnologías de enfriamiento líquido, como el sistema direct-to-chip o la inmersión.
Según proyecciones de mercado citadas por Gartner e IDC, estas soluciones crecen a doble dígito a nivel global hacia 2026, impulsadas por la expansión de la IA. Sin embargo, no reemplazan totalmente al aire: conviven en arquitecturas híbridas, donde cada tecnología se usa según el nivel de densidad, el tipo de carga y los objetivos de sostenibilidad.
El resultado es un diseño cada vez más flexible, que adapta la infraestructura térmica a la necesidad real del negocio.
Por qué esto importa: implicaciones económicas
La economía digital puede compararse con una ciudad: la IA son los edificios, los centros de datos son las plantas eléctricas y la energía es el agua que los mantiene vivos. Si fallan las plantas, toda la ciudad se detiene.
El crecimiento acelerado de la IA pone en riesgo la estabilidad energética, presiona los precios de la electricidad y eleva el impacto ambiental. Por eso, convertir los centros de datos en micro-redes autónomas no es una decisión técnica, sino una estrategia económica.
Estas infraestructuras se vuelven actores clave de la política energética, la competitividad empresarial y la estabilidad social. Quien controle centros de datos eficientes y sostenibles controlará buena parte de la economía digital de la próxima década.
Cómo afecta al ciudadano
El impacto llega directo al bolsillo. Si los centros de datos dependen totalmente de la red pública, compiten con hogares e industrias, presionan la demanda y encarecen la energía. Con micro-redes propias, reducen la sobrecarga del sistema, ayudan a estabilizar precios y disminuyen el riesgo de apagones.
También hay impacto en el empleo. Surgen nuevos perfiles: ingenieros en IA operativa, técnicos en micro-redes, especialistas en refrigeración líquida y gestores de sostenibilidad tecnológica. Esto dinamiza el mercado laboral en sectores de alta especialización.
Y está el costo de los servicios digitales. Plataformas de streaming, banca digital, comercio electrónico y aplicaciones dependen de centros de datos. Si su operación es más eficiente, los costos se estabilizan y se evita que el usuario final pague el sobreprecio de la ineficiencia energética.
Perspectiva de futuro
Hacia finales de 2026, los centros de datos serán nodos energéticos urbanos, operarán con altos niveles de autonomía y estarán sometidos a mayor regulación ambiental. La sostenibilidad dejará de ser un discurso para convertirse en requisito de operación.
Las empresas líderes no serán las que tengan más servidores, sino las que logren combinar eficiencia, soberanía energética y responsabilidad ambiental.
Puntos clave para entender la tendencia
La palabra clave es soberanía energética.
- La IA exige centros de datos más potentes y autónomos.
- La energía se volvió un tema estratégico.
- La sostenibilidad ya es parte del modelo de negocio.
- El ciudadano siente el impacto en precio, empleo y servicios.
En síntesis
En 2026, los centros de datos dejan de ser infraestructura pasiva y se convierten en actores centrales de la economía. Son fábricas de inteligencia, plantas energéticas y nodos ambientales al mismo tiempo. La convergencia entre IA, energía y sostenibilidad define una nueva etapa en la que la tecnología no solo consume recursos: los produce, los gestiona y los devuelve a la sociedad.











