Medellín, 4 de diciembre de 2025 – La Federación Nacional de Cafeteros (FNC) confirmó que la producción de café en Colombia se desplomó un 28 % en noviembre, con solo 1,26 millones de sacos de 60 kilos recolectados frente a los 1,75 millones del mismo mes de 2024. El golpe del clima –lluvias intensas, baja floración y menor llenado de granos– ya se anticipaba, pero la cifra confirma un ajuste brusco que podría restarle un millón de sacos al acumulado del año cafetero.
Sin embargo, las exportaciones firmes y el consumo interno estable actúan como colchón, especialmente en Antioquia, el segundo productor nacional que genera empleo para miles de familias y sostiene el dinamismo regional.
El clima castiga la cosecha: noviembre marca el punto bajo del ciclo bienal
Germán Bahamón, gerente general de la FNC, presentó los datos en Bogotá y no se sorprendió: «La fotografía de noviembre arma el rompecabezas que veníamos viendo desde octubre». El semestre julio-diciembre acumulará unos 7,1 millones de sacos, un 12 % menos que el año pasado, alineado con proyecciones técnicas basadas en mediciones de más de 2.000 fincas. Las lluvias torrenciales de principios de 2025 afectaron la polinización y el desarrollo de los frutos, un fenómeno que toca de lleno el ciclo bienal del cafeto: tras un año récord como el 2024-2025 (14,8 millones de sacos, el máximo en 33 años), el cultivo «descansa» naturalmente.

En Antioquia, el impacto es palpable pero controlado. El departamento, con 74.827 familias cafeteras en 94 municipios, cerrará 2025 con unos 200.000 sacos menos en la cosecha de fin de año, según el Comité de Cafeteros local. Zonas como el Suroeste (Fredonia, Támesis) y el Oriente (Sonsón, San Vicente) reportan retrasos en la recolección, con caficultores como Álvaro Jaramillo, gerente del Comité, alertando que «el comportamiento natural de los árboles explica la baja, pero la calidad del grano sigue alta gracias a variedades resistentes a la roya». Esto significa menos volumen, pero sacos premium que se pagan mejor en el mercado.
El Plan Cosecha 2025, impulsado por la Gobernación de Antioquia con Migración Colombia, el Icbf y la Policía, busca mitigar riesgos: contratará a 59.000 recolectores en los próximos meses, priorizando seguridad en 13 municipios de alta concurrencia. «Es un esfuerzo para dinamizar la economía cafetera sin descuidar la protección de los trabajadores», dijo Jaramillo.
Exportaciones y consumo interno: el salvavidas que mantiene a flote al sector antioqueño
A pesar de la caída en producción, el café colombiano no flaquea en el exterior. Entre enero y septiembre de 2025, las exportaciones alcanzaron 9,8 millones de sacos, un 11 % más que en 2024, con ingresos proyectados por encima de los 5.500 millones de dólares para el año –récord histórico–. Antioquia contribuye con el 13,2 % de ese volumen (alrededor de 1,3 millones de sacos anuales), y su café de altura se posiciona como favorito en mercados como Estados Unidos (donde Colombia es el segundo proveedor con 19 % de cuota, detrás de Brasil) y Alemania (crecimiento del 30 % en envíos).
Gustavo Gómez, presidente de Asoexport, lo resume: «El café está salvando la patria en las ventas no mineras, con un volumen que crece al 12 % anual gracias a precios internacionales altos». En el último año cafetero, Antioquia duplicó sus exportaciones en el segundo trimestre, inyectando miles de millones al PIB regional (el café representa el 1,54 % del nacional, pero hasta el 5 % en subregiones como el Suroeste).
El consumo interno también resiste: 2,26 millones de sacos entre noviembre 2024 y octubre 2025, un 5 % más que el ciclo anterior. En Antioquia, donde el café es cultura diaria, esto se traduce en estabilidad para tostadoras locales y cadenas como Juan Valdez, que absorben el exceso de grano nacional. «El mercado interno crece porque los colombianos prefieren lo nuestro, y eso evita que la caída en cosecha se convierta en escasez», explica Bahamón.
Implicaciones para Antioquia: empleo en riesgo, pero oportunidades en calidad y diversificación
Antioquia, con 1,1 millones de hectáreas cultivadas, siente el pinchazo de la baja producción en el bolsillo de sus caficultores. La caída de 200.000 sacos podría significar hasta 12.000 empleos menos en recolección temporal (cada saco genera trabajo para 4-5 personas), según estimaciones del Comité. Municipios como Andes o Jardín, dependientes al 70 % del café, verán menos dinero circulando en fincas, comercios y transporte. Además, el envejecimiento de cafetales (promedio de 15 años) y retrasos en fertilizantes por paros camioneros agravan el panorama a mediano plazo.
Pero no todo es sombra: la calidad superior del grano antioqueño (90 % resistente a roya) permite cobrar premiums en exportaciones, con precios internos estables en $2,96 millones por carga de 125 kilos. La FNC impulsa diversificación: variedades como Castillo y programas de renovación de cafetales en 20.000 hectáreas para 2026. «Aunque el volumen baje, el valor por saco sube, y eso sostiene ingresos», dice Jaramillo.
El Gobierno regional, con el Plan Cosecha, invierte en seguridad y logística para no perder recolectores migrantes. A nivel nacional, la FNC propone incluir café en el PAE escolar para absorber excedentes internos. Para Antioquia, el 2026 será de adaptación: menos sacos, pero más foco en especialidad y sostenibilidad, con exportaciones que podrían superar los 1,4 millones si los precios globales se mantienen altos.
En un año donde el café inyectó $24,2 billones a la economía (el 17 % del agroexportador), esta caída es un recordatorio del clima voluble. Pero con exportaciones récord y consumo leal, Antioquia –corazón cafetero del país– tiene herramientas para capear el temporal y seguir siendo el motor verde de Colombia.














