Medellín, 10 de noviembre de 2025. El sector agrícola genera el 22% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, según estimaciones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), pero también emerge como vector principal de mitigación. Prácticas de agricultura regenerativa, que integran innovación tecnológica y manejo sostenible de suelos, podrían secuestrar hasta 23 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente para 2050, alineadas con escenarios de limitación del calentamiento global a 1,5°C. En Colombia, donde la agricultura representa aproximadamente el 35% de las emisiones nacionales de GEI —basado en datos históricos hasta 2018 del IDEAM y proyecciones de la FAO—, esta transición se posiciona como imperativo estructural para la resiliencia económica y ambiental.
Para inversionistas y analistas del sector primario, estos indicadores formativos resaltan un doble dividendo: reducción de vulnerabilidades climáticas en un país con 7,2 millones de hectáreas cultivadas, y oportunidades de valor agregado en cadenas de suministro sostenibles. El Foro Económico Mundial (WEF) estima que, para reducir a la mitad las emisiones de los sistemas agroalimentarios globales hacia 2030, se requerirán inversiones anuales de 260.000 millones de dólares, un flujo que actualmente solo destina el 2,2% de la financiación climática al agro, frente al 51% en energías renovables.
Contexto global y brechas en financiación climática
La agricultura regenerativa opera mediante protocolos que restauran la salud edáfica, como la inoculación con micorrizas —hongos simbióticos que mejoran la retención de agua y nutrientes en suelos, potencialmente incrementando la capacidad hídrica hasta en magnitudes significativas, según estudios de la Universidad Nacional de Colombia y publicaciones en Frontiers in Plant Science—. Estos mecanismos no solo elevan la productividad en un 20-30% en sistemas degradados, sino que también mitigan riesgos hidrológicos en regiones con variabilidad pluviométrica como el Valle del Cauca o Antioquia.
A escala global, el IPCC en su Sexto Informe de Evaluación (AR6) proyecta un potencial de secuestro de carbono en suelos agrícolas de 0,5 a 5 gigatoneladas anuales hacia 2050, condicionado a la adopción masiva de prácticas como la agroforestería y el pastoreo rotativo. En Colombia, el sector agropecuario contribuye con el 7,5% al PIB nacional en 2024, según el DANE, pero enfrenta degradación en el 40% de sus suelos arable, lo que comprime márgenes operativos y eleva costos de insumos importados en un contexto de tipo de cambio volátil. La brecha de financiación —con solo 1.200 millones de dólares en créditos verdes para agro en 2024, per Bancóldex— subraya la necesidad de instrumentos como bonos temáticos o fondos de impacto, que podrían multiplicar retornos en un 8-12% anual mediante certificaciones de carbono.
Bioma Colombia: modelo agroforestal con impacto triple
En La Unión, Antioquia, Bioma Colombia ejemplifica la viabilidad de sistemas agroalimentarios regenerativos. Fundada hace dos años y medio por Melisa Vergara Sampayo y Felipe Zuluaga Flórez —profesionales que transitaron de entornos urbanos a rurales—, la agroempresa opera en tres ejes: producción bajo agroforestería, comercialización vía la Canasta Básica de Salud Agroalimentaria Ecosistémica (CABASE) y consultoría con metodologías de experimentación y medición.
La finca de Bioma integra cultivos orgánicos como tomate, ganadería rotativa y producción de bioinsumos, generando datos empíricos para adaptaciones iterativas. Este enfoque yields un impacto social mediante vinculación de saberes ancestrales y creación de empleo local; ambiental, al restaurar biodiversidad en 15 hectáreas; y económico, al asegurar trazabilidad y precios justos en ventas directas al área metropolitana de Medellín. En 2025, Bioma reporta un incremento del 25% en productividad por hectárea, atribuible a la integración de micorrizas que optimizan la retención de nutrientes, reduciendo dependencia de fertilizantes químicos en un 40%.
El programa MBA Agro de Interactuar ha catalizado esta escalabilidad, proporcionando herramientas para priorización estratégica y formalización. Zuluaga destaca el valor de redes peer-to-peer: «Compartir con otros empresarios rurales confirma que construimos empresa y país desde las fincas». Interactuar, entidad financiera sin ánimo de lucro, ha formado a más de 500 agroempresarios desde 2020, con un portafolio de créditos agro que supera los 150.000 millones de pesos en 2025.
Campo Verde: biofertilizantes como catalizador de exportación rural
En el oriente antioqueño, Micorrizas y Sustratos Campo Verde representa un legado familiar en bioinsumos regenerativos. Liderada por Gerónimo Cardona Díaz desde hace tres años, la empresa produce sustratos y micorrizas que fortalecen raíces vegetales, regenerando suelos degradados sin agroquímicos. Generadora de 22 empleos formales en zonas rurales, Campo Verde exporta conocimiento y productos a Guatemala, El Salvador, Honduras, Perú, Dinamarca y, próximamente, Estados Unidos.
El modelo integra asesorías técnicas y capacitaciones, enfatizando ciclos cerrados: uso de materias primas locales para minimizar huella de carbono, reutilización de residuos y cero emisiones en procesos. Cardona enfatiza la dimensión transformacional: «Cambiamos mentalidades hacia una agricultura limpia que prioriza la salud humana». En 2025, las ventas de biofertilizantes han crecido un 35%, impulsadas por demanda en cultivos de café y banano, donde las micorrizas incrementan rendimientos en un 15-20% y reducen costos de riego en sequías.
Esta orientación exportadora alinea con la meta nacional de elevar agroexportaciones sostenibles al 15% del total para 2030, per MinAgricultura, mitigando riesgos de precios volátiles en commodities como el petróleo.
Rol de Interactuar en el ecosistema agroempresarial
Interactuar, con su MBA Agro —diseñado para micro y pequeñas empresas rurales—, actúa como puente entre innovación y acceso financiero. El programa, que incluye módulos en gestión estratégica y sostenibilidad, ha facilitado la articulación de 200 alianzas interempresariales en 2025, elevando la tasa de supervivencia de participantes al 85% en tres años. Financieramente, combina créditos blandos con mentoría, reduciendo el costo de capital en un 3-5% para beneficiarios.
En un sector donde el 98% de unidades productivas son familiares y microempresas, según el DANE, esta intervención formativa optimiza la asignación de recursos, fomentando clusters regenerativos en regiones como Antioquia, que concentra el 20% de la producción agroindustrial nacional.
Implicaciones macroeconómicas y oportunidades para inversionistas
La agricultura regenerativa en Colombia podría secuestrar 50-70 megatoneladas de CO2 anuales hacia 2030, per proyecciones del IDEAM, contribuyendo al NDC actualizado de 51% de reducción de emisiones. Económicamente, genera un multiplicador de 1,8 en empleo rural —con potencial de 500.000 puestos nuevos— y eleva el valor exportable en 2.500 millones de dólares, diversificando la canasta más allá de flores y café.
Para inversionistas, el sector ofrece yields ajustados por riesgo climático: fondos de carbono agrícola han retornado 10-15% en América Latina, per IFC. Desafíos persisten en escalabilidad —con solo 15% de fincas adoptando prácticas regenerativas— y brechas regulatorias, pero incentivos como el impuesto al carbono (25 dólares/tonelada en 2025) catalizan flujos. En síntesis, casos como Bioma y Campo Verde, respaldados por Interactuar, delinean un paradigma donde la regeneración edáfica se traduce en resiliencia financiera, posicionando al agro colombiano como pilar de la transición verde.














