Bogotá, 31 de octubre de 2025. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) reportó que la tasa de desocupación (TD) en Colombia descendió al 8,2% en septiembre de 2025, la cifra más baja en la serie histórica, con una reducción estadísticamente significativa de 0,9 puntos porcentuales (p.p.) respecto al 9,1% de septiembre de 2024. Según Piedad Urdinola Contreras, Directora del DANE, en las 13 ciudades y áreas metropolitanas, la TD se ubicó en 8,1%, por debajo del 10,2% del año anterior. Este avance, que suma 714.000 personas ocupadas más a nivel nacional —un incremento del 3,1%—, se sustenta en la expansión de la industria manufacturera y un mayor dinamismo en la tasa global de participación (TGP) del 63,9%, aunque persisten brechas de género y regionales que demandan políticas focalizadas para una recuperación inclusiva.
Estos datos, derivados de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), confirman una reactivación laboral que contrasta con el estancamiento de años previos, donde la TD promedió 10,5% entre 2023 y 2024. En un contexto macroeconómico de crecimiento proyectado del 2,6% para 2025 según el Banco de la República, el empleo formal —que representa el 55% de la población ocupada— impulsa el consumo privado, clave para el 65% del PIB. Sin embargo, la subocupación se sitúa en 6,7%, un repunte de 0,2 p.p., señalando ineficiencias en la calidad del empleo que podrían erosionar la productividad total de factores, estimada en un 1,2% anual por el FMI.
Reducción significativa en desocupación: Impulso manufacturero y brecha de género
La baja en la TD nacional refleja un aumento de 714.000 ocupados, con variaciones porcentuales significativas en las 13 ciudades y áreas metropolitanas (2,7%), otras cabeceras (5,7%) y 10 ciudades (4,6%). La industria manufacturera lideró con 244.000 nuevos puestos, seguida de administración pública, defensa, educación y salud con 188.000, según el DANE. Estos sectores, que absorben el 28% de la fuerza laboral urbana, responden a la recuperación de la demanda externa —exportaciones no tradicionales crecieron 15% en el trimestre— y subsidios a la reconversión industrial, que inyectaron 500.000 millones de pesos en 2025.
La brecha de género en la TD se redujo de 4,6 p.p. a 2,6 p.p., con mujeres en 9,6% (baja de 2,2 p.p.) y hombres en 7,1% (descenso de 0,1 p.p.). Esta convergencia, impulsada por mayor participación femenina en servicios (que creció 3,2%), alinea con la Ley de Paridad Económica, aunque el 40% de mujeres ocupadas aún labora en informalidad, limitando contribuciones al PIB potencial. Para inversionistas en capital humano, esta tendencia sugiere un retorno del 8% en programas de capacitación de género, al elevar la TGP femenina en 2 p.p. y agregar 0,5 puntos al crecimiento anual.
En el trimestre móvil julio-septiembre, la TD fue del 8,5% —baja de 1,9 p.p.— y la tasa de ocupación (TO) del 58,7%, con TGP en 64,1%. La población joven (18-28 años) vio su TD en 14,6%, un avance clave para mitigar la deserción laboral juvenil, que afecta al 25% de este grupo en regiones periféricas.
Desigualdades regionales: Ciudades con brechas persistentes
Las disparidades territoriales persisten: Quibdó registró la TD más alta del 24,0% (baja de 0,9 p.p.), seguida de Riohacha (14,2%), Sincelejo (11,5%) e Ibagué (11,4%, con caída significativa). En contraste, Medellín (área metropolitana) mostró 6,4%, Villavicencio 6,6% y Florencia 7,6%. Para la juventud, Quibdó lidera con 34,5%, mientras Medellín y Villavicencio cierran con 11,2% y 11,8%.
Estas asimetrías reflejan la concentración de inversión en centros urbanos: el 70% de nuevos empleos manufactureros se ubica en Antioquia y Valle del Cauca. La desocupación desestacionalizada nacional fue del 8,8%, y en las 13 áreas metropolitanas del 8,5%, un repunte de 0,4 p.p. que alerta sobre rigideces estacionales. Económicamente, equilibrar estas brechas podría elevar el PIB regional en 1,2 billones de pesos anuales mediante incentivos fiscales en zonas de frontera, como propone el Plan Nacional de Desarrollo.
La población desocupada nacional cayó 204.000 personas, con descensos del 10,5% en 10 ciudades y 9,7% en las 13 áreas metropolitanas. Este alivio, aunque positivo, contrasta con la informalidad del 58%, que diluye aportes fiscales en 2,5 billones de pesos anuales según el DNP.
Implicaciones para la estabilidad macroeconómica y el inversor
El avance laboral sustenta la proyección de inflación del 5,2% para fin de 2025, al moderar presiones salariales en un contexto de TGP ascendente. Con la TO en 58,7% —mejora de 1,0 p.p.—, el consumo agregado podría inyectar 1,5 billones de pesos adicionales, estabilizando la demanda interna. Para el inversor institucional, estos indicadores reducen la prima de riesgo país en 20 puntos base, con bonos soberanos rindiendo 8,5% en un EMBI de 190 bps.
Sin embargo, la subocupación del 6,7% —por encima del 6,5% de 2024— señala necesidades de upskilling: el 30% de ocupados carece de competencias digitales, per OCDE, limitando productividad en un 1,5%. Políticas como el Sisbén laboral, con 300.000 millones de presupuesto, podrían formalizar 500.000 puestos en 2026, elevando recaudos tributarios en 800.000 millones.
En el trimestre julio-septiembre, la TD juvenil del 14,6% —baja significativa— mitiga riesgos sociales, pero en ciudades como Quibdó (34,5%) demanda intervenciones focalizadas. La desestacionalización preliminar del 8,8% nacional y 8,5% en áreas metropolitanas indica estancamiento estacional, agravado por sequías que afectan agroempleo en un 5%.
En síntesis, septiembre de 2025 marca un hito en la serie histórica de empleo, con la TD en 8,2% impulsada por manufacturas y convergencia de género. Este pulso, que eleva la TO a 58,7%, fortalece la resiliencia macro, pero exige reformas para cerrar brechas regionales y elevar calidad laboral, proyectando un PIB de 3% en 2026 si se materializan inversiones en formación.














