Bogotá, 22 de septiembre de 2025 – Colombia no frena su apetito por bienes foráneos: en julio, las importaciones escalaron a US$6.484 millones CIF, un salto del 16,2% frente a los US$5.581,1 millones de igual mes del año anterior, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Esta voracidad externa, impulsada por manufacturas y combustibles, profundiza el déficit en la balanza comercial, un lastre que amenaza la estabilidad macroeconómica en un año de recuperación incierta. Con exportaciones que sumaron US$28.821 millones en los primeros siete meses –un descenso del 1,1% interanual, según Analdex–, el saldo negativo acumulado hasta julio alcanza los US$11.178 millones, superando el bache de US$10.811 millones en 2024.
El informe del DANE, divulgado recientemente, pinta un panorama de dependencia creciente de proveedores externos, donde China y Estados Unidos dominan el flujo de mercancías. En un contexto de inflación controlada pero con presiones en la tasa de cambio –el dólar rondando los $4.200–, este incremento no solo refleja la reactivación industrial post-pandemia, sino también vulnerabilidades estructurales: desde la escasez de gas natural hasta la demanda insatisfecha de insumos agropecuarios. Economistas consultados por este medio advierten que, sin diversificación productiva, el déficit podría erosionar reservas internacionales y elevar el riesgo país.
Manufacturas lideran el boom: 76,7% del total importado
Las manufacturas se robaron el show en julio, sumando US$4.972,7 millones CIF y capturando el 76,7% del pastel importador. Este dominio no es casual: el crecimiento del 12,9% en este rubro se explica por compras aceleradas de productos químicos (19,1%) y artículos manufacturados (19,5%), que juntas inyectaron 8,4 puntos porcentuales a la variación total. «La industria colombiana depende de estos insumos para mantener ritmos productivos, pero esto expone a la economía a choques externos como las tensiones comerciales globales», analiza María Fernanda Suárez, directora de la Cámara de la Industria de la Transformación.
En el acumulado enero-julio, las importaciones alcanzaron US$39.998,9 millones CIF, un 10,6% más que los US$36.153,1 millones de 2024. Aquí, las manufacturas siguen al frente, seguidas por bienes agropecuarios, alimentos y bebidas (13,6% en julio) y combustibles (9,3%). El salto en alimentos –36,5% interanual– responde a mayores compras de productos alimenticios y animales vivos, impulsadas por el repunte del consumo hogareño en un año de bonanza estacional. «El crecimiento del 11,3% en agropecuarios hasta julio refleja una demanda interna robusta, pero también fallas en la cadena de suministro local», detalla el informe del DANE.
Gas natural: La espina en el costo energético
El rubro de combustibles y productos extractivos registró US$604,6 millones CIF en julio, un aumento atribuible a la importación de gas natural para paliar la demanda interna del sistema energético. Sin cambios en los orígenes –EE.UU. y Trinidad y Tobago–, las compras desde el gigante norteamericano explotaron un 176,5% interanual, alcanzando volúmenes récord para cubrir déficits estructurales. En los primeros siete meses, este grupo sumó US$4.317,8 millones, con un alza del 9,9%, liderada por combustibles minerales (7,8%).
Esta dependencia energética no es transitoria. Promigás, en su Informe del Sector Gas Natural 2025, estima que Colombia importará gas para usos no térmicos durante los próximos cinco años, con picos de 400 millones de pies cúbicos diarios en 2030 –equivalente al 40% de la demanda nacional–. «De mantenerse la tendencia, las importaciones acumuladas costarían cerca de 20 billones de pesos para 2030, afectando competitividad y tarifas», advierte Juan Manuel Rojas, presidente de Promigás. Reservas probadas cayeron 64% en 12 años a 2.064 giga pies cúbicos –apenas 5,9 años de suministro–, y el proyecto Sirius, clave para la autosuficiencia, podría demorarse hasta 2030 o más, sumando sobrecostos de 4-5 billones anuales. El impacto es tangible: precios del gas importado oscilan entre US$16-18 por millón de BTU, cuadruplicando el costo doméstico. Esto podría elevar facturas hogareñas un 44% y empujar industrias al carbón, incrementando emisiones en 0,4-0,7 millones de toneladas de CO₂ al año. «La transición energética no puede ignorar esta realidad: sin exploración offshore, perdemos soberanía», enfatiza Rojas.
China y Estados Unidos: Gigantes que mandan en la balanza
La geografía comercial no varía: en julio, China acaparó el 28,1% de importaciones (US$1.824 millones aprox.), seguida por EE.UU. (22,3%), Brasil (5,5%), México (5%), Alemania (3,2%), Japón (2,8%) e India (2,4%), con el resto en 30,7%. Desde el dragón asiático, el tirón vino de motocicletas (86,9%), maquinaria mecánica (420,1%) y vehículos de carga (99,3%), consolidando su rol como proveedor low-cost. En el semestre, China subió al 26,5% del total, con volúmenes un 50% mayores (577.950 toneladas vs. 383.376 en 2024).
EE.UU., por su parte, no solo envía gas sino insumos manufactureros clave. En el acumulado, ambos países lideran, seguidos por Brasil, México, Alemania, India y Japón. Esta concentración eleva riesgos: aranceles chinos o fluctuaciones en el shale gas estadounidense podrían disparar costos. «La balanza con China es asimétrica; exportamos materias primas y recibimos valor agregado», critica un informe de Valora Analitik.
Analdex ve señales positivas pero advierte riesgos
Las cifras han generado reacciones en el gremio exportador. Javier Díaz Molina, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), interpreta el aumento como una señal alentadora: «Se conocieron las cifras de importaciones al mes de julio del presente año. Sigue la tendencia creciente de las compras provenientes del exterior. Eso es lo que muestra es que el aparato productivo se está recuperando, como lo indican las cifras de crecimiento de la economía».
Díaz Molina destaca las características clave: «Primero, un gran crecimiento de manufacturas, importación de materias primas, insumos, vehículos electrónicos y esa es una buena señal de comportamiento de la economía. Pero también productos agrícolas, consumo de los hogares está creciendo y eso también empieza a impactar las importaciones del sector agrícola, de alimentos y bebidas». En cuanto a los socios comerciales, subraya: «Nuestro principal socio comercial claramente es China. En materia de importaciones, empieza a dejar rezagado a los Estados Unidos. Qué puede pasar en materia del comercio exterior con esa división entre Estados Unidos y China? Algunos expertos a nivel mundial dicen que eso puede llevar a una caída grande del comercio».
Sin embargo, el líder gremial expresa preocupación por el panorama macro: «Por lo pronto, nosotros lo que estamos viendo es un crecimiento de las importaciones y de pronto una preocupación por el crecimiento del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos que hasta el momento financiábamos con inversión extranjera. Pero acordémonos que la inversión extranjera empieza a caer. Entonces, cómo crecer más las exportaciones? Ese es el reto». Estas declaraciones, recogidas en recientes intervenciones de Analdex, alinean con su crítica a la política de transición energética, que según Díaz Molina frena el crecimiento exportador.
Déficit persistente: alarma para la estabilidad fiscal
La balanza comercial acumula déficits desde enero: US$1.602 millones en ese mes, escalando a US$1.278 millones en promedios mensuales. Julio no fue excepción, con importaciones superando exportaciones en umbrales rojos que evocan el 11,7% de ampliación en 2024. El Banco de la República estima que este desbalance podría restar 0,5 puntos al PIB si persiste, presionando el dólar y la inflación importada.
Gremios como la ANDI claman por incentivos a la producción local: subsidios a PYMES exportadoras y tratados bilaterales equilibrados. El gobierno, por su voz, apuesta por la Alianza Pacífico para diversificar. Pero con reservas de divisas en US$58.000 millones –suficientes para seis meses de importaciones–, el margen es estrecho.
Hacia un comercio más resiliente
Este repunte importador, aunque señala dinamismo, subraya la urgencia de reformas. La dependencia de gas –con importaciones permanentes desde 2024 en 359 de 365 días– y manufacturas chinas expone a Colombia a volatilidades globales. Promigás urge exploración en cuencas offshore y VIM para revertir el declive; de lo contrario, tarifas industriales subirán 32-40% y hogares verán boletas en $70.503 mensuales.
Hoy, con la transición verde en marcha, el gas y las manufacturas son el tablero de ajedrez: ¿importar caro o producir soberano? La respuesta definirá si Colombia navega la globalización o se hunde en ella. El DANE nos da los números; el gobierno, las jugadas. Y voces como la de Díaz Molina recuerdan: el reto es exportar más, no solo importar bien.














