Advertisement

Colombia Navega el Nuevo Orden Comercial: Dependencia de China y EE. UU. y oportunidades de Nearshoring

En un mundo donde las dinámicas comerciales y tecnológicas entre grandes potencias Colombia enfrenta desafíos y oportunidades.

Medellín, Colombia – 22 de julio de 2025. En un mundo donde las dinámicas comerciales y tecnológicas entre grandes potencias como Estados Unidos y China están redefiniendo el orden global, Colombia enfrenta desafíos y oportunidades para repositionarse estratégicamente. La creciente dependencia comercial con China, sumada al potencial del nearshoring y la cooperación con iniciativas como la Franja y la Ruta, plantea un escenario complejo pero lleno de posibilidades para la economía colombiana. Según el último informe de Solunion Colombia, “Los aranceles configuran un nuevo mundo: impacto macro y microeconómico en Colombia”, el país debe actuar con visión estratégica para capitalizar estas transformaciones sin comprometer su autonomía económica.

Un nuevo orden geoeconómico y sus implicaciones para Colombia

Desde el inicio de la guerra comercial entre China y Estados Unidos en 2018, con aranceles mutuos que superaron los 300.000 millones de dólares, el panorama global ha evolucionado hacia una pugna tecnológica centrada en semiconductores, inteligencia artificial y energías renovables. La tregua parcial firmada en mayo de 2025 no ha disipado las tensiones, sino que ha marcado el comienzo de un ciclo geoeconómico multipolar, donde potencias emergentes como China e India ganan protagonismo. “No es solo una disputa comercial, sino una transición hacia un orden global donde la influencia tecnológica y comercial de Asia redefine las reglas del juego”, señala Marco Restrepo, Analista de Información de Solunion Colombia.

Para Colombia, este contexto implica un delicado equilibrio. En 2024, las importaciones desde China alcanzaron los 15.000 millones de dólares, mientras que las exportaciones al país asiático apenas sumaron 2.400 millones, según datos de Analdex. Esta relación comercial desbalanceada, con una proporción de 6 a 1, evidencia una creciente dependencia de China, que podría intensificarse si el gigante asiático reubica sus exportaciones para contrarrestar la caída de ventas en Estados Unidos. Por otro lado, Estados Unidos sigue siendo el principal destino de las exportaciones colombianas, absorbiendo más del 29% del total. Este patrón de dependencia estructural exige una estrategia diversificada para mitigar riesgos.

La coyuntura global también ha impactado sectores clave. En la agro Vivian agroindustria, productos como el café han encontrado un mercado creciente en China, pero otros como el maíz enfrentan volatilidad debido a los costos tecnológicos y la competencia asiática. La industria textil, por su parte, ha incrementado sus exportaciones a Estados Unidos, pero sufre la presión de productos chinos más baratos en el mercado interno. “Colombia debe diversificar sus socios comerciales y modernizar su capacidad productiva para aprovechar estas dinámicas”, subraya Restrepo.

Oportunidades estratégicas: Nearshoring y la Franja y la Ruta

El nearshoring emerge como una oportunidad clave para Colombia. La relocalización de empresas asiáticas en Latinoamérica, buscando evitar aranceles al exportar a Estados Unidos, podría atraer inversión significativa. En 2024, China invirtió 114 millones de dólares en Colombia, principalmente en infraestructura y tecnología, una cifra modesta pero en ascenso. Este interés podría consolidarse si Colombia capitaliza su posición geográfica y sus tratados comerciales para convertirse en un hub de producción regional.

Por otro lado, la adhesión de Colombia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta en mayo de 2025 abre la puerta a proyectos de infraestructura en sectores críticos como ferrocarriles, puertos, logística y telecomunicaciones. Según el Gobierno, esta cooperación podría duplicar las exportaciones a China en agroalimentación y tecnología, además de facilitar la transferencia de conocimientos en áreas como redes 5G y energías renovables. Sin embargo, los riesgos son notables: los créditos chinos, aunque concesionales, podrían incrementar el endeudamiento, y la falta de transparencia en algunos acuerdos de la BRI genera preocupaciones sobre la soberanía económica.

Para Restrepo, la clave está en una “visión de largo plazo que equilibre las relaciones con Estados Unidos y China, mientras se abren nuevas puertas”. Esto incluye fortalecer acuerdos comerciales con regiones como la Unión Europea y Asia-Pacífico, así como acelerar la modernización de la infraestructura productiva. Colombia enfrenta el desafío de diversificar su economía y reducir su dependencia de socios tradicionales, aprovechando el nearshoring y las alianzas estratégicas para consolidarse como un actor relevante en el nuevo orden global.