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Opinión: Venezuela, 7 de octubre de 2012: El Mal venció al Bien

Por: Javier Mejía-Cubillos

Twitter: @javiermejiac

Basta ya de neutralidades morales en las reflexiones politológicas! Tal como la batalla épica espléndidamente musicalizada por Richard Strauss en el quinto movimiento de Ein Heldenleben, las elecciones presidenciales en Venezuela fueron un símbolo de la lucha entre el Bien y el Mal. Por más maniqueísta que suene, las “mejores” y “peores” cosas de la humanidad estaban representadas en las figuras de Henrique Capriles y Hugo Chávez, respectivamente.

Con toda seguridad, tanto Capriles como Chávez han de ser sujetos complejos, con pasiones, odios, errores y aciertos. De igual forma, sus acciones como funcionarios públicos han de estar basadas en intereses personales y no altruistas. Sin embargo, a pesar de compartir su proceder como humanos y animales políticos, las propuestas de sociedad que representaban eran completamente opuestas. Mientras Chávez personificaba un proyecto que fomentaba el autoritarismo, la intolerancia, la egolatría y el clientelismo; Capriles encarnaba uno en el que se procuraba la libertad, el respeto, la fraternidad y el amor.

Por más apologético que suene, es una deducción inevitable de los discursos de los candidatos. Sencillamente, el proyecto chavista carecía de bondad (lo cual, por definición, es el “mal”); todo su discurso se basaba en el ensalzamiento de la lucha y la actividad guerrera. Para dar un ejemplo, dentro de su plan (propuesta) de gobierno, el primer “Gran Objetivo Histórico” de Chávez era “Defender, expandir y consolidar el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años: La Independencia Nacional”. Mientras tanto, la primera frase del plan de gobierno de Capriles era “Que todos progresemos y que nadie se quede atrás;  que las condiciones al nacer no determinen tu destino”. Sobran las explicaciones.

La pregunta inevitable es ¿por qué sucede esto? ¿Cómo es que políticos con idénticas intenciones (llegar al poder) pueden distar tanto en su proyecto de sociedad? La respuesta viene dada por las preferencias del electorado y el candidato. Bastante obvio parece esto, sin embargo, todas las teorías políticas (no pocas) que basan su análisis en las pretensiones de los políticos por perpetuarse en el poder, ignoran el papel de las preferencias en la discusión. En el mundo, simplemente, existen personas que añoran vivir en sociedades libres y abiertas, como Capriles y sus seguidores; mientras que otras prefieren la sensación de certeza y seguridad que ofrecen sociedades centralizadas, en las que una figura “fuerte” dicta qué se debe hacer, decir y pensar, como Chávez y sus partidarios. El mercado político ofrece alternativas y el electorado escoge.

Aun cuando desde la reflexión científica ambos tipos de preferencias sean igualmente válidos, desde un punto de vista moral no lo son. Lo que la sociedad occidental llama “bien” estaba presente en el mundo prometido por Capriles y no en el de Chávez. Los venezolanos eligieron siguiendo una regla de mayoría simple (que sea o no la más apropiada es otra discusión). No obstante, ese hecho no justifica moralmente su elección. El despotismo es considerado malo; por más popular que sea, ningún argumento ético lo valida, ni siquiera la democracia.

En definitiva, el 7 de Octubre de 2012 será recordado como el día en el que Venezuela prefirió el mal al bien.

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